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"Arrabal, ventrílocuo del pánico" en Culturamas



La blasfemia de los grandes espíritus agrada más a Dios
que la plegaria interesada del hombre vulgar.
F. A.

Fernando Arrabal decidió nacer en Melilla para poder admirar a su padre y hoy es una instalación de su circunstancia. Pero no un provocador ―ni siquiera con su presencia menuda, siempre a punto de elevarse en alas de su pajarita―, porque la provocación es un infantilismo aleatorio y Arrabal está enfermo de exactitud y ciencia. En el hotel Le Meurice de París, Fernando Arrabal se encontró una vez con el divino Salvador Dalí, que fue huésped de la suite 102 ―la que en su día ocupó Alfonso XIII― cada mes de diciembre durante treinta años. Arrabal, que dirigía entonces una representación teatral, dejó a sus cinco actrices «lesbianas maoístas y revolucionarias» encadenadas para visitar a Dalí. Al genio catalán, como al de Melilla, quienes no le conocieron del todo le llamaron también provocador, como si apenas fuera otra cosa. Sin embargo, también él era un gran amante de la ciencia, al igual que Arrabal, preocupado por la problemática del azar. En 1985, Salvador Dalí convocó a los más reputados científicos del momento en su Teatro-Museo de Figueras. Matemáticos, físicos y filósofos llegaron desde todo el mundo al ombligo del Ampurdán para dibujar y calcular sus respuestas. Arte, pensamiento y ciencia unidos en un congreso bajo el nombre «Proceso al azar». Al hilo de esta cuestión, en la presentación de 2010 en Barcelona de la película Regression, de Joan Frank Charansonnet, Fernando Arrabal se expresó en estos términos:
«La provocación es un acto cretino, autodestructor, y no puedo imaginar a una persona del talento de Dalí, de Beckett, de Duchamp, de matemáticos como Mandelbrot, o de Louise Bourgeois, haciendo este acto cretino que es la provocación. No podemos ser provocadores porque sabemos que la provocación no se puede programar. Hemos jugado siempre, hemos estado siempre apasionados por ese gran problema que es la confusión, que es el azar. ¿Qué pasa con la indeterminación? ¿Qué pasa con lo que dice Kurt Gödel? ¿Cómo podemos combatir la confusión? ¿Cómo podemos prever la indeterminación? Hemos intentado dar soluciones imaginarias. Nada de locura. La imaginación nos ha interesado siempre, como la memoria. Y es que la imaginación es el arte de combinar recuerdos. Y tengo la suerte y la desgracia de haber estado siempre con esos primeros avatares de la modernidad, que se han consagrado a la ciencia. Y hemos intentado dar soluciones imaginarias a la ciencia, pues no tenemos otras. El pánico no es una locura. La patafísica no es una locura.»
El arrabalismo va a llegar. Y no habrá entonces quien sujete la mesa de los biempensantes. Que venza. Que venza la mesa y todo se venga abajo. Que gane Fernando Arrabal esta partida de ajedrez en la que es al tiempo peón mineral, pez soluble y artista a pie de obra, alfil de ideas que seccionan en diagonal la pesadez de las cosas, torre de marfil herida por el rayo y diestro de rinocerontes. Rey de vastos territorios, caballo verde del tiempo y reina por un día. Dramaturgo, cineasta y poeta. Cabeza parlante del siglo XX que todo ha visto y no todo cuenta, superviviente de Dadá y avatar pánico. Perfecto desconocido, niño-faro asombrado de sí mismo, viajero atónito del siglo XXI, desempleado superdotado, aparejador pictórico y ensayista enterrador de maquinarias. Bufón doctorado en todas partes menos en Harvard, escritor nómada y homeless en la casa de putas de las letras.

Arrabal arrobado en sí mismo y a la vez dueño de su renuncia a ser el sastre de emperadores a quienes retrata y prefiere desnudos. Arrabal como reencarnación de un mandarín milenario. Locomotora a escala con retrovisores y en vía circular. Armador de bosques para el naufragio. Reactor nuclear portátil infectado de curiosidad, buscador nato, eléctrico, imparable como la febril acometida de la nueva China. Arrabal, Lao Tsé en Times Square escuchando jazz con su iPod, marcador intelectual en un itinerario GPS por París, estrella fulgurante de Youtube. Ajedrecista generoso y genesíaco, genio arrogante, pensador arriesgado, creador arrabalero, potencia de las negras que se defiende como el maldito Bobby Fischer en sus mejores horas y le da la vuelta a todo. A todo. Como a un guante, Arrabal le da la vuelta a las cosas y lo formal salta entonces por los aires, y de nuevo el hecho artístico o la broma inaudita suceden, y el ventrílocuo y su criatura se convierten en las manos de Escher, perseguidoras siamesas del mismo trazo en el que el diálogo se confunde y alimenta.

***

Para seguir trenzando la espiral de ese diálogo y para celebrar el ochenta cumpleaños del genio, el editor del sello aragonés Libros del Innombrable, Raúl Herrero ―que ya había publicado del dramaturgo numerosos textos, como la novela La matarife en el invernadero, el drama El cementario de los automóviles o el Diccionario pánico, sobre el grupo que Arrabal creó junto a Jodorowsky y Topor―, le dedicó a finales del pasado verano el libro colectivo Arrabal 80, un voluminoso monográfico de tributo al melillense que recoge textos de autores como Kundera, Houellebecq, Ionesco o Beckett, junto a la participación de numerosos artistas, escritores, críticos, académicos e intelectuales españoles. En esta obra se reúnen artículos, estudios, poemas, piezas dramáticas, entrevistas ―al autor y a su esposa― y textos inclasificables en homenaje a Fernando Arrabal, muchos de ellos inéditos, además de un cuaderno interior con reproducciones de diversas obras de arte dedicadas al autor, cuatro de sus obras de teatro completas y el artículo por el que Arrabal recibió el premio Mariano de Cavia en 1998. En definitiva, un trabajo exhaustivo, multidisciplinar y poliédrico con el que Libros del Innombrable pone al alcance tanto de neófitos como de expertos la dimensión de la obra y de la figura de Fernando Arrabal, en torno a las que el checo Kundera escribió:
«Arrabal no se parece a nadie y el grado de su singularidad alcanza el límite de lo concebible. Él es el último superviviente de lo que yo llamaría surrealismo hispanocéntrico, surgido de una muy vieja locura barroca, surrealismo cervantino, sombrío y cruel, surrealismo ritual empapado de liturgia que se presenta en él bajo una decena de rostros.»

Publicado en Culturamas el 2 de febrero de 2013.

"El cuento de 2012" en Culturamas


Desde el pasado mes de diciembre hasta hoy he conseguido resistirme a participar en las dichosas listas de “los mejores libros del año”. Suelo preferir comentar obras que “votar” sin más por ellas y sus autores, por lo que justo ahora que ha remitido esa fiebre clasificadora escribo estas impresiones generales (totalmente prescindibles, como tantas otras cosas: si han de elegir, corran a leer un buen libro; de hecho, este artículo sólo sirve realmente para eso, para que los lectores tomen nota de unos cuantos libros y lean algo que merezca de veras la pena). Sin embargo, me temo que a la tercera me voy a dar por vencido y, muy probablemente, ésta será la última vez que haga mi acostumbrado repaso anual (desde 2010 en Culturamas, donde coordiné en sus inicios la sección dedicada el Cuento, y desde 2007 en mi antigua bitácora) a lo que ha dado de sí el género cuento en España. Sobre todo porque no he podido hacer un escrutinio tan exhaustivo como en años anteriores (en los que llegaba a leer dos libros de relatos por semana, entre novedades, traducciones y clásicos), ya que, enfrascado en mil tareas y la escritura de mis propios textos, no he tenido tiempo material para leer tantos libros de relatos como antaño (un ritmo que, me temo, tampoco podré recuperar en el futuro). Para defender este género no se me ocurre nada mejor que seguir con esas otras tareas: reseñar libros de relatos en los medios, leerlos y estudiarlos en mis talleres de narrativa y, claro, seguir escribiendo y publicando cuentos. También creo que es hora de dejar mi puesto en la atalaya virtual del cuento, quitarme el uniforme, calzarme unas humildes sandalias y salir a pasear extramuros (o sea, a escribir, sin más), porque, además de cierto desencanto, siento que, para bien o para mal, a estas alturas el cuento español no necesita militancia. Que, de una vez, el cuento español ya es mayor de edad.

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Cuentos en Culturamas y Babelia

En el día de hoy ha tenido lugar una feliz coincidencia relativa al cuento y a mi trabajo. En el portal Culturamas he publicado una columna con un breve repaso al estado de las cosas y a lo que me ha parecido lo mejor en el cuento español, de entre todas las novedades y reediciones que he podido leer a lo largo de 2011. Si hay ausencias, aparte de a mi criterio y al espacio disponible, que obliga a la concisión, pueden deberse también a mi mala memoria o a que algunos editores no me envían sus novedades y uno, francamente, después de leer casi un libro de cuentos por semana, ya no da más de sí. Llegado el capítulo de antologías, en ese texto he preferido pasar de largo por mi participación como autor (con un relato en Doppelgänger, de Jekyll and Jill, que tantas alegrías me ha dado ya) y antólogo (junto a Juan Soto Ivars, con Mi madre es un pez, de Libros del Silencio, editorial que, por cierto, hoy Lector Mal-Herido señala justamente como la mejor del año), en dos de los libros colectivos que, y esto es un hecho incontestable, más eco han tenido en los medios en 2011 (y me refiero exclusivamente a las críticas que han atendido a aspectos literarios) y más éxito (del que de veras cuenta) han cosechado entre lectores y libreros (sin ir más lejos, en "Los libreros recomiendan", de CEGAL, no suelen colarse antologías pero Mi madre es un pez lo hizo por la puerta grande en la lista de noviembre).

"Pasar de largo por este punto y dejar que sean otros quienes decidan qué se ha hecho bien o mal en cada aventura colectiva", escribo en mi columna de Culturamas, y, como si me hubiera leído antes de tiempo y quisiera aportar la pieza del puzle que faltaba, precisamente hoy el crítico Jordi Gracia firma en el suplemento Babelia de El País una reseña breve, pero de las más inteligentes y cabales que ha recibido la antología Mi madre es un pez desde que apareció en el mes de septiembre. Después de un último tramo del año bastante complicado y agridulce, en el que he tomado nota de muchas cosas, me parece un colofón estupendo para terminar 2011 y un estímulo para seguir trabajando. De hecho, en 2012, y aparte de mi actividad individual como autor, que quiero enfocar ya en exclusiva a mis libros en solitario (novela, libro de cuentos y poemario, aparcados demasiado tiempo por estas otras empresas colectivas que fueron encadenándose desde 2009, cuando empecé a trabajar en Chéjov comentado), llegarán otras dos antologías en las que participo con textos muy breves y un gran proyecto a mi cargo en torno al cuento en una editorial de prestigio, con el que espero cerrar, al menos por muchos años, mi labor como antólogo, para a partir de ese momento dedicarme por entero a mi escritura.

Aprovecho este momento, además, para agradecer su tiempo y su dedicación a las muchas personas que han colaborado conmigo en 2011 y a las que han creído en las diferentes facetas de mi trabajo, y para desearos a todos, lectores, libreros, críticos, periodistas, autores y editores, lo mejor en lo personal y en lo profesional para el nuevo año.

Columna en Culturamas: "El cuento de 2010"

El cuento de 2010

Al pasar la página del cuento en el año que acabamos de despedir queda un rastro de tinta todavía fresca en los dedos. Si bien ha faltado en 2010 un puñetazo dichoso al estómago del lector y no se ha dado ningún libro de relatos fuera de serie en España, ninguna verdadera iluminación, ningún estallido fundacional, el último año ha sido sin duda un tiempo para la confirmación del cuento como fenómeno literario por el que ya no cabe llorar en las esquinas del mundo editorial hispano. Es verdad que todavía demasiadas editoriales siguen teniendo más reparos a la hora de publicar relatos que novelas (una reticencia que empieza por el desconocimiento del género, sigue por los mismos distribuidores, que contagian a los libreros, para terminar en la tibia atención de los medios), pero si se compara el número de libros de cuentos publicados en décadas anteriores con los de la primera del nuevo siglo, su progresión editorial se muestra casi exponencial. Se escribe y se publica más cuento que nunca en España y en no pocos países latinoamericanos, más allá del estado de salud del género en términos de calidad literaria, lo que ya es otra cuestión.

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Chéjov Comentado, en Culturamas

Carmen Fernández Etreros publica una breve crónica de la jornada del martes 19, en la que la editorial Nevsky Prospects y yo mismo tuvimos el placer de presentar el libro en Madrid. Por la mañana para los medios en la nueva librería Tipos Infames, un original espacio, donde se tomaron las fotografías recogidas en el artículo y en las que aparece también el escritor Juan Carlos Márquez, uno de nuestros colaboradores en Chéjov comentado. Por la tarde la cita pública tuvo lugar en la entrañable librería del cuento en Malasaña, Tres Rosas Amarillas, en la que a los traductores y editores, Marian y James Womack, y a un servidor, nos acompañaron algunos de los comentaristas del libro (Eloy Tizón, Elvira Navarro, Luis Alberto de Cuenca y Óscar Esquivias), el diseñador Zuri Negrín, un montón de viejos y buenos amigos y muchas caras nuevas y lectores que comenzaron a disfrutar ya de esta especial edición de los cuentos chejovianos. Vaya desde aquí mi agradecimiento a todos los asitentes por su complicidad con este sincero homenaje al gran maestro del cuento moderno, Antón Chéjov. El sábado 13 de noviembre presentaremos el volumen en la librería Bertrand de Barcelona, en una sesión matinal (a las 12 horas) para la que preparamos alguna que otra sorpresa.

En la presentación para medios. © Carmen F. Etreros