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Avispero n.º 13: Mujeres

Desde hace dos semanas circula ya por Oaxaca y otros puntos de México la edición en papel del decimotercer número de la revista Avispero, dedicado en esta ocasión a la obra, el pensamiento y el legado de numerosas mujeres de letras. Desde mediados de 2009, el filósofo y narrador Leonardo Da Jandra y la pintora Agar Arteaga mantienen, con la colaboración de un amplio colectivo de jóvenes y de varios autores mexicanos, esta iniciativa a favor de la cultura, el pensamiento y el debate, hecha desde Oaxaca y para todo el mundo hispano.

De nuevo y por mi parte, he participado en tareas de coordinación y redacción, reclutando en esta ocasión a siete firmas invitadas, una chilena, una argentina, dos mexicanas y tres españolas, todas mujeres: la narradora Alia Trabucco Zerán («Annemarie Schwarzenbach, extranjera»); la escritora Verónica Nieto («Angela Carter, Cynthia Ozick y el Manifiesto cíborg»); la editora y traductora Raquel Vicedo («Vivian Gornick, la mujer en busca de sentido»); la profesora universitaria Andrea Palaudarias («Simone Weil no pensó en comer»); la columnista y escritora Emma Riverola («Rodoreda y nuestro horror particular»); la poeta Ina Olvera («La mirada que habita el tiempo») y la escritora Alana Gómez Gray («La lectura de best sellers en México»). Además, he publicado también el artículo «Maestras de la narrativa», en el que hago un somero y humilde repaso a muchos años de lecturas que le debo a docenas de grandes escritoras.

Podéis leer de forma gratuita los contenidos de la revista en línea, artículo por artículo en la página de AvisperoEn breve se publicará también el PDF completo en formato ISSUU, para que podáis ver la maqueta original o descargar el archivo. Recordad que están disponibles los números anteriores en formato digital y en ISSUU, y que puede seguirse el día a día de las actividades del colectivo en Facebook y Twitter. Si os parecen contenidos útiles o interesantes, no dudéis en difundirlos por las redes y entre vuestros contactos.

Avispero n.º 12: Migración

Ya ha salido de imprenta en México el nuevo número de la revista Avispero. Como explicamos en su editorial, dedicamos esta entrega al tema de la migración, un asunto al que nos hemos acercado desde diversos puntos de vista. Como siempre, el filósofo y narrador Leonardo Da Jandra y la pintora Agar Arteaga sostienen este singular empeño por difundir la cultura en y desde Oaxaca. Una tarea a la que se suman el equipo habitual de jóvenes colaboradores de la revista, varias firmas mexicanas y otros autores hispanoamericanos. Las potentes ilustraciones de este duodécimo número son obra del artista mexicano Daniel Lezama.

Por mi parte, en esta ocasión agradezco la colaboración de cinco firmas invitadas: Claudia Salazar Jiménez, Ariadna Castellarnau y Tomás Sánchez Bellocchio hablan de su experiencia como escritores emigrados en, respectivamente, los artículos «Escribir en Nueva York», «De la naturaleza del inmigrante» y «Vivir y escribir afuera»; Martín Lombardo traza un posible panorama de autores hispanoamericanos en otro lugar con su texto «Fantasmas del emigrado», y David Aliaga escribe el breve pero trabajado ensayo «Paul Celan: lengua y territorio». Además de mis labores usuales de edición y coordinación junto al gran Alejandro R. Beteta, publico también dos contenidos: «La brava ambición», una crítica del último libro de cuentos de Antonio Ortuño, La vaga ambición (Páginas de Espuma, 2017), y «Cuaderno de dunas», una selección de los primeros seis meses de mis diarios.

Podéis leer la revista en línea, artículo por artículo en la página de Avispero, consultar o descargar su PDF completo o también cada archivo aparte por cada texto. Más adelante actualizaremos otros enlaces para facilitaros la lectura. Recordad que están disponibles los números anteriores en nuestro sitio digital y en nuestra cuenta en ISSUU, y que puede seguirse el día a día de nuestras actividades en Facebook y Twitter. Si os parece interesante o útil nuestro trabajo, os agradeceremos toda difusión en las redes y entre vuestros contactos.

«El cuento español del siglo XXI» en Avispero

Cuatro variables deberían definir la escritura de un artículo como éste: conocimiento, motivación, destinatario y contexto. Empezando por el final, ésta no es una publicación académica pero sí tiene voluntad de rigor y divulgación, de modo que no conviene tomar el asunto a la ligera. El destinatario natural de esta revista es el lector mexicano, aunque pueda leerse en varios formatos en América Latina y en España. Con eso en mente, la motivación de mi texto es la difusión de ciertas obras allá donde no llegan normalmente y, con humildad, pero sin modestia, tras casi una década dedicado al cuento en varias tareas y aunque sólo fuera por los centenares de libros de relatos leídos ―y tantas lagunas, aún así―, creo que puedo compartir aquí mi conocimiento sobre el tema. Pensemos, sin embargo, en una conversación distendida de lector a lector ―de hecho, no muy distinta a las que tuve a menudo con otros colegas escritores y editores durante los seis meses que residí en México―, aunque falten ahora el mezcal y ciertas maldades. Y a partir de ahí trataré de responder a una doble pregunta tan imaginaria como plausible y concreta desde el otro lado de la mesa: ¿qué se ha hecho últimamente en el cuento en España que valga de veras la pena y qué deberíamos leer aquí para saberlo?

Y mi primera consideración tiene que ver con una paradoja que señalo en cuanto me dejan: será que los libros flotan mal, porque resulta casi imposible que crucen el Atlántico, al menos en dirección a América Latina. Paseando por las librerías de la Ciudad de México, Guadalajara o Puebla, me resultaba prácticamente imposible encontrar un solo libro de algún narrador español actual, salvo las cuatro vacas sagradas de siempre. Me cuentan que sucede lo mismo en Bogotá, Buenos Aires, Lima o Santiago de Chile. No hay, pues, verdadera circulación ni trasvase de propuestas entre las dos orillas de nuestro idioma, y la literatura en español permanece estabulada en cada taifa, salvo por los autores latinoamericanos que los grandes grupos editoriales españoles deciden premiar para intentar ampliar su mercado, o los que, gota a gota, calan en un tejido editorial independiente algo más permeable al intercambio literario. La situación se agrava en el campo del relato. En resumen: los mejores libros de cuentos que se han publicado en España en lo que llevamos de este siglo apenas han tenido difusión en México y el resto de América Latina.

El compadre golpea la mesa con el vaso desde el otro lado del idioma e insiste: ¿qué deberíamos leer pues? Tomo aire y le cuento una pequeña historia, de dónde viene el asunto y cómo hemos llegado hasta aquí. El siglo XX dejó algunas vías abiertas en el cuento español, desde el legado de autores como Ignacio Aldecoa, Ana María Matute y muchos otros, hasta el trabajo de maestros que siguieron en la brecha al cambiar de centuria, como Medardo Fraile, Juan Eduardo Zúñiga, Cristina Fernández Cubas, Ramiro Pinilla o Javier Tomeo. La década de los 90 se despidió con los deslumbrantes inicios de carreras literarias ahora consolidadas. Pienso en Eloy Tizón y su proverbial Velocidad de los jardines (1992); en El que apaga la luz (1994), de Juan Bonilla; en El aburrimiento, Lester (1996), del genial Hipólito G. Navarro; en el bello Frío de vivir (1997), de Carlos Castán; o en los primeros libros de relatos de Quim Monzó, autor en catalán cuyas traducciones al castellano influyeron a varias hornadas de nuevos cuentistas. De todos modos, el cuento español comenzó el siglo XXI como había malvivido en el anterior, siendo el hermano pobre de la novela para editores, medios, crítica y público. Nada que ver con el respeto que se le tiene al género en América Latina o el mundo anglosajón, donde también, toca admitirlo, han surgido cuentistas de mayor talla y proyección universal. Tal vez por la efervescencia en su día de los blogs literarios españoles dedicados al cuento, que tuvo su punto álgido entre 2006 y 2009 ―y entre los que destacó El síndrome Chéjov de Miguel Ángel Muñoz―, quizá por algunos premios literarios dedicados al género, como el Ribera del Duero o el Setenil, y desde luego por la aparición, el riesgo y la consolidación de varios sellos independientes que le prestaron especial atención al relato breve en su catálogo, la sensación recurrente de “mala salud de hierro” fue poco a poco dando paso a la que hoy parece una situación más o menos saneada, como mínimo desde un punto de vista editorial: mejores o peores, lo cierto es que hoy se publican muchos libros de cuentos en España y ya no hay lugar para la queja solemne, salvo por el desdén mediático y la pobre recepción general de la crítica.

Ni siquiera en una panorámica tan breve y somera como la de este artículo, inevitablemente subjetivo, ni desde luego tampoco en esa conversación imaginaria de cantina con mi compadre, estaría justificado hablar del cuento español de este siglo sin mencionar la labor de algunas de esas editoriales independientes. La más señera es, desde luego, Páginas de Espuma, volcada casi en exclusiva y de forma militante en el cuento. También Menoscuarto lleva a cabo una tarea sostenida y encomiable, y otros sellos como el prolífico Salto de Página, la rigurosa Pre-Textos, los cazatalentos de Tropo, la valiente Candaya o la incombustible Ediciones del Viento, entre otros, han publicado a algunos de los autores españoles que hoy en día son referencia ineludible en el cuento español. No sería justo, sin embargo, desdeñar aquí a los grandes sellos editoriales, pues entre su vorágine comercial también han apostado por excelentes cuentistas, como es el caso de Fernando Aramburu o la ya mencionada Cristina Fernández Cubas en Tusquets; Ignacio Martínez de Pisón o Adolfo García Ortega en Seix Barral; o Felipe Benítez Reyes y Pedro Zarraluki en Destino, por citar sólo unos pocos. Además de la sólida construcción de esos otros catálogos independientes en torno al cuento, merece la pena detenerse en dos antologías de ambición canónica aparecidas en 2010: Pequeñas resistencias 5, que Andrés Neuman elaboró para Páginas de Espuma, y Siglo XXI, a cargo de Fernando Valls y Gemma Pellicer en Menoscuarto. Uno quitaría y añadiría nombres aquí y allá, pero el lector latinoamericano que sienta curiosidad por el cuento español podría empezar a seguir el rastro de la presa por esas dos pistas. Y entre esas huellas se encuentra sin duda la aportación de muchos autores nacidos en América Latina pero que han armado su carrera editorial en España y, con ello, han construido también el cuento español: el propio Andrés Neuman, Clara Obligado, Eduardo Halfon o Fernando Iwasaki son sólo algunos ejemplos.

Mi compadre se impacienta, apura el mezcal invisible y me increpa: “ya, ya con la charla, pero, ¿qué libros?”, y me pide libros chingones que tendrían que cruzar el charco. Trato de organizar la lista de algún modo para que tenga pies y cabeza, pero también para que nadie corte la mía por olvidarme de demasiados títulos. De manera que, a grandes rasgos, pienso en tres posibles grupos: los narradores natos, los innovadores y los bichos raros. Es por esa voluntad de estilo por donde alcanzo a recordar algo entre tantos libros, y no por temas, escuelas ni paisajes. El gran cuentista José María Merino amonestó en cierta ocasión la “deslocalización” de las historias y los espacios en el cuento español, pero no me parece buena ni mala, sino sólo un síntoma más de nuestro tiempo y una decantación natural de décadas de lecturas cosmopolitas. Lo que en un cuento cuenta de veras es, en todo caso y para quien esto escribe, el fogonazo que ilumina un espacio secreto, el destilado de lo real en el alambique de la ficción o el trazado de una vía tangente. Innovadores, narradores puros o bichos raros, el cuento español es diverso, inclasificable e irregular, pero creo que hay al menos una decena de cuentistas españoles cuya obra va a permanecer viva en las siguientes décadas de este siglo, y en eso se resume todo al final en literatura: en lo que olvidamos pronto y lo que pervive de algún modo en cada acto íntimo de lectura.

Recomendaría a mi impaciente compadre y a cualquier lector latinoamericano que comenzara leyendo a Matute, Fraile, Tomeo, Zúñiga o Cubas, pero si pudiera facturar en una maleta veinte kilos de libros para que se hiciera una idea atinada del cuento español del siglo XXI, empezaría sin dudarlo por Hipólito G. Navarro, bicho raro y luminoso como El pez volador (2008). Si de luz hablamos, añadiría enseguida Técnicas de iluminación (2013), de Eloy Tizón, el libro de relatos ―en― español más inspirado de los últimos años. Me arriesgaría en la aduana con la eterna búsqueda de Javier Sáez de Ibarra en Mirar al agua (2009) y el material inflamable de La vida ausente (2006), de Ángel Zapata. Para compensar, incluiría a tres narradores puros, como Gonzalo Calcedo, Jon Bilbao y Óscar Esquivias, pero dudaría qué título elegir de cada uno, aunque creo que me decidiría, respectivamente, por La carga de la brigada ligera (2004), Como una historia de terror (2008) y Pampanitos verdes (2010). En una esquina, bien protegidos, colocaría Museo de la soledad (2000), de Carlos Castán; Los peces de la amargura (2006), de Fernando Aramburu; Leche (2013), de Marina Perezagua; y Ocho centímetros (2015), de Nuria Barrios. Y en la otra, para combatir el dolor, pondría analgésicos del tipo El camino de la oruga (2003), de Javier Mije; Llenad la Tierra (2010), de Juan Carlos Márquez; El mundo de los Cabezas Vacías (2011), de Pedro Ugarte; Una manada de ñus (2013), de Juan Bonilla; Mientras nieva sobre el mar (2014), de Pablo Andrés Escapa; y Hombres felices (2016), de Felipe R. Navarro. No me dejaría unos cuantos libros brillantes sin los que cojearía la maleta, como El hombre que inventó Manhattan (2004), de Ray Loriga; Bar de anarquistas (2005), de José María Conget; Gritar (2007), de Ricardo Menéndez Salmón; Estancos del Chiado (2009), de Fernando Clemot; No es fácil ser verde (2009), de Sara Mesa; Antes de las jirafas (2011), de Matías Candeira; La piel de los extraños (2012), de Ignacio Ferrando; y El Claustro Rojo (2014), de Juan Vico. Para romperle la cabeza a quien pretendiera requisarlos, cubriría el conjunto con Alto voltaje (2004), de Germán Sierra; El malestar al alcance de todos (2004), de Mercedes Cebrián; Breve teoría del viaje y el desierto (2011), de Cristian Crusat; y Los ensimismados (2011), de Paul Viejo. De contrabando irían algunas sustancias extrañas y adictivas como El deseo de ser alguien en la vida (2007), de Fernando Cañero; Nosotros, todos nosotros (2008), de Víctor García Antón; Órbita (2009), de Miguel Serrano Larraz; Los monos insomnes (2013), de José Óscar López; y Extinciones (2014), de Alfonso Fernández Burgos. Creo que la maleta ya reventaría a estas alturas, pero para que mi interlocutor imaginario no se quedara con las ganas buscaría hueco y le daría una oportunidad a alguno de los primeros libros de relatos de jóvenes como Aixa De la Cruz, Mariana Torres, Juan Gómez Bárcena, David Aliaga, Raquel Vázquez o Almudena Sánchez. Estoy seguro de que la compañía aérea me hará pagar por exceso de equipaje, y de que camino del aeropuerto olvidaré algún buen libro, como acabo de hacer ahora. Habrá sido el mezcal de mi compadre.

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Artículo publicado en el n.º 11 de la revista mexicana Avispero,
octubre de 2016, p. 31. También disponible en línea.

Avispero n.º 11: España y México

Detalle de la portada. Grabado de Iván Gardea.
Desde hace unas semanas circula en México el nuevo número de la revista Avispero, dedicado en esta ocasión a los puentes culturales entre España y México y a sus literaturas. Bajo la batuta del filósofo y narrador Leonardo Da Jandra y de la pintora Agar Arteaga, al equipo habitual de jóvenes colaboradores de la revista en Oaxaca se han unido en esta ocasión otras firmas mexicanas y varios colaboradores españoles invitados, con lo que Avispero se refirma como una publicación singular en el ámbito hispano en su labor de difusión de la literatura, el arte y el pensamiento en nuestro idioma.

En este número he trabajado mano a mano con el oaxaqueño Alejandro Beteta en la edición de la revista y he coordinado las firmas que han escrito desde y sobre España: Josep Maria Nadal Suau, Raúl Quinto y yo mismo aventuramos una panorámica de, respectivamente, la novela, la poesía y el cuento en la España de lo que llevamos de siglo XXI; Bárbara Pérez de Espinosa Barrio repasa la narrativa española reciente publicada por mujeres; Miguel Barrero dibuja un retrato literario de Antonio Muñoz Molina; Santiago García Tirado comenta las posibles tendencias en la novela española a cuento de Mario Cuenca Sandoval; Ramón Rozas sigue los pasos de Valle-Inclán en México; Antonio Rivero Taravillo hace lo propio con Luis Cernuda y otros autores, y Alfonso Fernández Burgos escribe sobre Camilo José Cela a propósito de su centenario. Además, Álvaro Baquero-Pecino habla de literatura española actual en Estados Unidos y Guillermo de la Mora evoca la figura de Pío Baroja.

Del lado mexicano podemos encontrar artículos, columnas y ensayos a cargo de Eduardo Antonio Parra, Helena Beristaín, Úrsula Fuentesberain, Éricka Santíes, Luis Bugarini, Alejandro Baca, Hiram Barrios, Guillermo Lara Villarreal, J.M. Lecumberri, Diego Merino Hernández Lazarín, Andrés Cota Hiriart y Pablo Raphael. También dos cuentos de Lucero García y Ángel Aristarco —en castellano y en zapoteco—; reseñas a los recientes ensayos de Jacobo Siruela y Arthur Zajonc; y sendas entrevistas de Slaymen Bonilla y Alejandro Beteta a los filósofos Mauricio Beuchot y José María Filgueiras Nodar. Los grabados que ilustran este número son obra del artista Iván Gardea, del que Ángel Morales elabora una semblanza que cierra la revista.

Una vez más, queda en manos de los lectores hispanoamericanos conocer y valorar nuestro trabajo, y, si lo consideran oportuno, difundir nuestra labor. Podrán encontrar la edición en papel en diferentes bibliotecas y centros culturales de México, a los que seguirá llegando la revista desde Oaxaca, como también en futuras presentaciones en otras ciudades del país, tras las que ya tuvieron lugar en la capital oaxaqueña y en la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la Ciudad de México.

Y desde ahora mismo y en cualquier parte del mundo, puede leerse el PDF de Avispero en línea, gracias al enlace interactivo que cierra esta entrada. Continúan disponibles los números anteriores en nuestro sitio digital y en nuestra cuenta en ISSUU, y puede seguirse el día a día de nuestras actividades en Facebook y Twitter.

Avispero n.º 10: Latinoamérica

Acaba de salir de imprenta en México el nuevo número de la revista Avispero, auspiciada por el filósofo y narrador Leonardo Da Jandra y la pintora Agar Arteaga. Una vez más, el equipo de jóvenes talentos que saca adelante la revista ha hecho un gran trabajo, confirmando a Avispero como una publicación de calidad que difunde desde Oaxaca y para todo el ámbito hispano la literatura, el arte y el pensamiento en nuestro idioma. Un empeño que cobra más sentido si cabe con el tema central de nuestro décimo número: las literaturas de América Latina.

En esta ocasión he tenido el honor de firmar el editorial de la revista, dedicado al potencial cultural latinoamericano, así como de invitar a seis escritores de primer orden que colaboran en este número desde diversos países: el uruguayo Ramiro Sanchiz escribe un artículo en profundidad sobre Mario Levrero; Javier Payeras hace recuento de la poesía guatemalteca; Miguel Antonio Chávez traza una panorámica del cuento contemporáneo en Ecuador y el paraguayo Juan Ramírez Biedermann hace lo propio con la narrativa de su país. Para ampliar la perspectiva, Santiago Vaquera-Vásquez reflexiona desde el sudoeste de Estados Unidos sobre literatura chicana y Marta Aponte Alsina escribe sobre la narrativa reciente de Puerto Rico.

Además de los artículos de los dos editores de facto de la revista, los oaxaqueños Alejandro Beteta y Guillermo Santos, que escriben respectivamente sobre el escritor colombo-mexicano Fernando Vallejo y sobre el ilustrador de esta entrega, Jan Hendrix, podemos encontrar un buen número de artículos interesantes, sobre figuras como Haroldo Conti, Rubem Fonseca, Felisberto Hernández, Julio Ramón Ribeyro, Clarice Lispector, José María Arguedas o Jesús Gardea, y a cargo de firmas como el chileno Carlos Labbé o los mexicanos Pergentino José Ruiz y Javier García-Galiano, entre otras muchas, además de un cuento de Pablo Soler Frost.

De nuevo, le corresponde ahora a los lectores conocer y valorar nuestro trabajo, leer los artículos, reseñas y semblanzas, y, si lo consideran oportuno, difundir nuestra labor. Podrán encontrar la edición en papel en diferentes bibliotecas y centros culturales de México, a los que irá llegando poco a poco la revista desde Oaxaca, como también en futuras presentaciones en otras ciudades del país. La primera será en la capital oaxaqueña el próximo viernes, día 2 de octubre, y tendrá lugar a las 19 horas en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, sede habitual de nuestros talleres.

Y a partir de este mismo momento y desde cualquier parte del mundo, ya pueden leer el PDF de Avispero en línea (en breve estará disponible su versión web, texto por texto), gracias al enlace interactivo que cierra esta entrada. Más de doscientas páginas de lectura a su disposición. Les invito también, si lo desean, a revisar números anteriores en nuestro sitio digital y a seguirnos en nuestra página en Facebook y nuestra cuenta en Twitter.

Agua dura en México

Ediciones del Viento
La Coruña, 2013
124 páginas. 14,50 €
PVP México $ 250
En las últimas semanas se han sucedido un par de buenas noticias en torno a Agua dura y a mis primeros pasos como narrador en este país, noticias que se añaden a la que se produjo a finales del año pasado, cuando alcancé un acuerdo con el sello La Cifra Editorial para editar y prologar una antología del relato español y mexicano del siglo XXI, que verá la luz en 2016.

La primera de esas noticias tuvo lugar en la primera semana de enero, con la disposición de otra editorial independiente mexicana a publicar mi segundo libro de relatos. Y la segunda llegó a mi buzón una semana más tarde: Ediciones del Viento, mi editorial española, va a realizar una distribución especial de Agua dura en México, a través de su distribuidora internacional, Panoplia de Libros. De modo que podré encontrarme por fin con mis amigos y lectores mexicanos en los eventos, talleres y presentaciones que ya estamos preparando en varias ciudades, donde contaré con aliados de excepción entre algunos de los mejores narradores mexicanos del momento.

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Prensa

Tras la buena acogida que recibieron por parte de la crítica y de los lectores españoles, estoy muy feliz de que mis relatos lleguen finalmente a manos de los lectores mexicanos y a los medios de este país que tan bien me ha acogido desde octubre. Un país que promete convertirse en el futuro inmediato en un enclave fundamental en mi camino, tanto para mi carrera como escritor y editor, con otros proyectos en ciernes, como en mi vida personal.


Avispero, la revista

Cuando la editora y fotógrafa Inka Martí y el filósofo y narrador Leonardo Da Jandra me propusieron durante la pasada Feria del Libro de Madrid que me mudara una temporada a Oaxaca, supe que la experiencia personal y vocacional iba a desbordar la simple idea de un retiro creativo para terminar mi segundo libro de relatos. Lo que no podía predecir era la cantidad de oportunidades y proyectos que se abren ahora ante mí para los próximos años y la calidad del grupo humano que iba a encontrarme aquí, desde la maestría vital del propio Da Jandra al torrente de energía de su compañera, la pintora Agar Arteaga y, desde luego, a todos los jóvenes talentos que llevan a cabo una revista como Avispero, en la que me invitaron a colaborar.

No creo exagerar si escribo aquí lo que vengo manifestando en los eventos que estamos realizando en torno al nuevo número, como la primicia de hace dos semanas en Huatulco o la concurrida presentación del pasado sábado en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, primeros encuentros de los que vendrán a lo largo de los próximos meses en México: que Avispero es una revista de primer nivel, a la altura de las mejores de toda América Latina y sin nada que envidiarle a los medios españoles con los que he colaborado desde 2010. Lo que llama aún más la atención si tenemos en cuenta que, a día de hoy, tras nueve entregas y sin dejar de remunerar a sus colaboradores, Avispero sigue siendo esencialmente una revista gratuita para el lector, hecha con la firme voluntad de difundir desde Oaxaca y para todo el ámbito hispano la literatura, el arte y el pensamiento, con especial énfasis en los nuevos valores de las letras y las artes en nuestro idioma.

He tenido el placer de ser el editor invitado de este noveno número, dedicado a la literatura mexicana, como lo fueron anteriores ediciones a las literaturas nacionales de Japón, Argentina, Chile o Alemania, entre otras. Junto al trabajo de todo el equipo, desde el primer al último colaborador, desde la firma consagrada al novel y hasta al diseñador y maquetador, quiero resaltar la labor de los dos auténticos editores de la revista, los jóvenes oaxaqueños Guillermo Santos y Alejandro Beteta, y muy en especial el esfuerzo logístico de Agar Arteaga, capaz de remover cielo y tierra para que una revista así suceda y llegue a manos de los lectores. En este número, además, hemos tenido el privilegio de contar con la obra gráfica del reconocido pintor Francisco Toledo, toda una institución en el arte y la cultura de Oaxaca y México.

Por mi parte, junto a las tareas de edición, he colaborado con el artículo «Cinco propuestas y una mirada extranjera sobre la nueva narrativa mexicana», en el que hago un repaso somero a las novelas y los libros de relatos de autores mexicanos que han tenido difusión en España en los últimos años y también a los que he podido comenzar a leer en mi estancia en el país. Por mis inevitables lagunas lectoras, he pasado por alto a demasiados autores, pero creo honestamente que he acertado en las cinco propuestas finales de mi texto, que pueden servir al lector hispanoamericano para tomar el pulso de la mejor narrativa mexicana en lo que llevamos de siglo: Yuri Herrera, Antonio Ortuño, David Miklos, Alfredo Peñuelas y Pergentino José Ruiz.

Ahora le toca a los lectores conocer nuestro trabajo, leer los artículos, reseñas y semblanzas, y, si lo consideran, difundir nuestra labor por el boca a oreja o a través de las redes sociales, gracias a nuestra página en Facebook y nuestra cuenta en Twitter. Podrán encontrar la edición en papel en diferentes bibliotecas y centros culturales del país, a los que irá llegando poco a poco la revista desde Oaxaca, como también en futuras presentaciones en otras ciudades. Y, a partir de este mismo momento y desde cualquier parte del mundo, ya pueden leer Avispero en línea, gracias al enlace interactivo que cierra esta entrada o, si lo desean, revisando números anteriores en nuestro sitio digital.

Estamos volcados en dar a conocer este número y agradeceremos todas las sugerencias e impresiones de los lectores para mejorar, pero ya trabajamos en el décimo, que dedicaremos a América Latina y con el que esperamos tejer una red de complicidades por todo el continente para dar un salto en calidad y difusión que prepare el terreno para el ilusionante proyecto editorial que traemos en mente para los próximos años.