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BCN Mes, n.º 28


Un número más de la revista BCN Mes, ya en la calle, disponible y gratuita en cualquiera de sus puntos de distribución en la ciudad (consulta la lista aquí). También os la pueden enviar a casa por 20 euros al año y podéis consultar todos los contenidos en línea por la mitad, mediante una suscripción. Sin tenéis un local, podéis disponer de una buena plataforma de publicidad con ella en la red y ofrecerle al público la revista en papel en vuestro espacio.
En esta cuarta entrega de "Cronopios BCN", mi sección mensual de entrevistas dedicada a autores de la ciudad, he charlado con el narrador Víctor Balcells (ver entrevista completa en la revista). Y este mes, mis dos minúsculas reseñas se las dedico a la novela Deudas vencidas, de Recaredo Veredas (Salto de Página), y al libro de relatos Los monos insomnes, de José Óscar López (Chiado).

Foto: Andrea Rivadulla
CRONOPIOS BCN
BY SERGI BELLVER

VÍCTOR BALCELLS

Víctor Balcells Matas (Barcelona, 1985) se sacude el peso de sus apellidos, tan ilustres en el ecosistema literario barcelonés, con una escritura galvanizada por la originalidad. Debutó con Yo mataré monstruos por ti (Delirio, 2010), y hace meses publicó la novela Hijos apócrifos (Alfabia), dos títulos con los que ha demostrado no necesitar padrinos para figurar entre nuestros autores más prometedores.

Te habría sido más fácil escribir novela convencional, pero tu prosa demuestra audacia y sentido del juego.
No me gusta la literatura que no juega con la posibilidad del fracaso. Presto mucha atención al estilo y arriesgo también en lo estructural. Me divierte escribir si supone un reto.
En tu primer libro hay relatos tan disparatados como entrañables. Confiésalo, tú también empezaste a escribir para conquistar a una chica, matando monstruos por ella y haciéndola reír.
Empecé a escribir porque creí que había inventado el género de las invectivas. Cobraba por escribir cartas ofensivas a quien lo requiriera. Luego, ciertos enamoramientos dieron pie a obras menores de la literatura erótica. Es posible que las vocaciones nazcan de los gestos ridículos que acometemos sin ser conscientes de ello.
Deudas vencidas | Recaredo Veredas
El linaje de cronistas de la crisis que va de Chirbes a Rosa tiene en Veredas a su pariente más cáustico. En forma de dietario irónico, su novela sugiere que nuestra ignorancia y pasividad nos pueden hacer casi tan culpables como la codicia de los corruptos. | Salto de Página
Los monos insomnes | José Óscar López
Un inesperado y notable hallazgo, este primer libro de relatos que derrocha imaginación, acidez y sentido del humor. Con una prosa genuina y atrevida, el autor sorprende con el mejor activo del que dispone un escritor para invertir en su obra: una mirada diferente al resto. | Chiado

BCN Mes, número 21


Faltan pocos días para Sant Jordi, de modo que he aprovechado el nuevo número de la revista BCN Mes y mi columna "Bloomsday Menu" para hacer algunas recomendaciones literarias, digamos, alternativas. Ya sabéis, 15.000 ejemplares gratuitos repartidos por casi 500 locales de la ciudad y en todas las sedes de la UB. También podéis leer la revista completa desde cualquier parte en ISSUU (imagen al final de esta entrada).

| bloomsday menu |

SANT JORDI Y EL SEXO

by Sergi Bellver

Como cada año a las puertas del Día del Libro, busco entre las espinas de las rosas y las escamas del dragón para hacerle al lector un puñado de proposiciones indecentes, es decir, un poco más vivas y bastante menos previsibles que las que encontrará en la mayoría de listas de recomendaciones de compra en medios y cadenas de librerías. Y digo bien, de compra, y no necesariamente de lectura, pues no pocos de esos bestsellers terminan tras cada Sant Jordi en los anaqueles de, por ejemplo, personas con amigos poco originales a la hora de regalar libros.

En esta ocasión me he centrado en editoriales radicadas en Barcelona, pero sin distinguir entre grandes, pequeñas, veteranas, nuevas, convencionales o “indies”, porque al final sólo cuenta el examen supremo, el íntimo cara a cara entre libro y lector, quien en ese instante no sabe de sellos ni catálogos y sólo responde a la seducción del texto. Si prefiere otra ración de sombras de Grey, un mamotreto sobre detectives templarios o el nuevo libro de autoayuda de la presentadora de la tele, es su problema, pero como dijo alguien muy listo, si vas a casa de tu último ligue y no tiene unos cuantos buenos libros en la estantería, ni se te ocurra acostarte con él.

| chef bloom recomienda |

El juego serio
Hjalmar Söderberg
Alfabia

Escrita hace un siglo, aún hoy deja sin aliento la potencia de esta novela sobre el amor y el destino.

El regreso de Driver
James Sallis
RBA

Muchos caballos bajo el discreto capó de esta secuela para un antihéroe al que el cine no hizo justicia.

Bioko
Marc Pastor
Planeta

Novela de aventuras sin complejos, pero también sin atisbo de candidez y con un corazón de tinieblas.

Mi vida querida
Alice Munro
Lumen

Nuevo libro de relatos de una maestra actual del género, en torno a los afectos y sus zonas de penumbra.

Constructores de monstruos
Javier Tomeo
Alpha Decay

Nuestro gran narrador de lo extraño regresa en plena forma, con una fábula tan lúcida como siniestra.

Hacer el amor
Jean-Philippe Toussaint
Siberia

Bello y genuino ejercicio literario que rebusca el lirismo entre los escombros de una pareja en ruinas.

BCN Mes, número 9

Nuevo número de la revista BCN Mes, en el que he colaborado con una entrevista (p.3, en Writers based in Barna) a Ainhoa Rebolledo, autora de Mari Klinski, de la nueva editorial Honolulu Books, que esta misma tarde presenta en Barcelona su proyecto (a las 20h en la sala Miscelanea del Raval, calle Guardia, 10, con el libro de Ainhoa y el poemario E-mails para Rolan Emmerich, de Sergi de Diego Mas). Y como cada mes, encontraréis también mi columna Bloomsday Menu (página 20), en esta ocasión dedicada a autores latinoamericanos, con reseñas al libro de relatos La noche, del mexicano Francisco Tario (Atalanta) y la novela Moravia, del argentino Marcelo Luján (El Aleph). En el artículo habitual hago una brevísima lista de menciones a algunos de los autores latinoamericanos que viven y trabajan en Barcelona, así como a algunas novedades de autores latinoamericanos publicadas por editoriales de esta ciudad.

Los que no estéis en Barcelona, o si no os viene bien acercaros a por vuestra revista en papel (15.000 ejemplares gratuitos disponibles en casi 500 locales de la ciudad y en las diferentes sedes de la UB), podéis consultar el PDF completo en este enlace a ISSUU o debajo, directamente, leer los textos en esta entrada.



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AMÉRICA, AMÉRICA

by Sergi Bellver


CUENTISTA A ESTRIBOR

En el panteón de la gran literatura latinoamericana, tantas veces asentada sobre el cuento, y al lado de Borges, Cortázar, Quiroga, Saer, Arreola, Rulfo o Felisberto Hernández, sorprende que hasta ahora no figurara un autor como Francisco Tario (Ciudad de México, 1911), un completo desconocido en nuestro país, a pesar de que figuras como García Márquez señalaran en su momento el valor de su obra. La editorial Atalanta se apunta el tanto del descubrimiento por estos lares y nos revela a un narrador genial, dueño de una prosa vibrante y en estado de gracia, a través de los relatos reunidos en La noche y de un prólogo esclarecedor sobre la vida y la obra de Tario. Hijo de emigrantes asturianos y, ya para quien esto escribe, uno de los escritores mexicanos mejor dotados para el cuento, Tario fue un personaje irrepetible: portero de fútbol, pianista, empresario y, sobre todo, autor instalado en el margen. Desde ahí, Tario se lanzó a una escritura libérrima, portentosa e inclasificable, con obras como Equinoccio, malvada colección de aforismos a la altura del Diccionario del Diablo de Bierce, o Una violeta de más, una suerte de elegía escrita ya en su etapa final en Madrid, donde fallecería en 1977. Pero sobre todo con estos relatos, verdaderos prodigios de imaginación y tajos profundos de la mirada de Francisco Tario sobre las cosas (enfocada desde lo inverosímil: un muñeco, un ataúd, un barco o una gallina) que, como grietas, hacen tambalearse las convenciones del relato breve y, de paso, airean los secretos de la condición humana.

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La noche ● Francisco Tario ● Atalanta


VOLVER

Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973) reside desde hace años en España y, después de varios títulos, publica ahora su segunda novela, Moravia, que le confirma como uno de los narradores más solventes y honestos del panorama actual. Aunque Moravia tiene mucho de crónica argentina y homenaje tanguero a los años 50, el porteño arranca su novela con dos temas universales: la necesidad, a veces violenta, de que el otro nos acepte y la soledad del artista en sus inicios. A partir de ahí, y a través de un detonante que le dará un potente giro a la narración, Luján hace con el género negro lo que todo buen novelista con ambiciones literarias, es decir, utilizar sus resortes para contar una historia y no quedarse en el manierismo de las fórmulas. Con ese punto de vista, y sin olvidar su deuda con El extranjero de Camus, Moravia es una novela emancipada de clichés, con una prosa equilibrada, entre lo poético y lo efectivo, con la que su autor demuestra conocer la demora en el detalle y, al mismo tiempo, poseer la agilidad del buen flautista de Hamelin (armando en este caso con un bandoneón a su protagonista), que sabe llevar a los lectores a su terreno hasta el final del viaje, brillante en esta novela. Moravia es una carga de profundidad sobre la impostura, el rencor, la emigración, el destino, la ambición y los lastres de la memoria o, por decirlo con Gardel, sobre el “miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida”.

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Moravia ● Marcelo Luján ● El Aleph


TODO UN INMENSO JARDÍN

Eso es América, cantaba apasionadamente Nino Bravo, soñando con una tierra de promisión que con los años ha ido basculando entre destino y origen de las esperanzas de aquellas generaciones que, a uno u otro lado del charco, desearon un futuro mejor. En las últimas dos décadas nuestro país llegó a convertirse en lugar de acogida para multitud de escritores latinoamericanos, y en especial Barcelona, tal vez gracias al eco de los años 60 y su feracidad editorial, por obra y gracia de la agente Carmen Balcells. Sobre aquel momento dulce, sobre García Márquez, Vargas Llosa y muchos otros, el periodista Robert Saladrigas ha publicado recientemente Voces del «boom» en la editorial Alfabia, pero, después de aquello, después también de Roberto Bolaño, ¿qué queda hoy del gran exilio literario latinoamericano en Barcelona? ¿Ha reverdecido ese inmenso jardín entre nosotros o, como muchos de sus compatriotas, en tiempos de crisis vuelven los escritores a sus países? Quizá el matiz sea distinto, pues el obrero que decide regresar cuando el sueño se desmorona no está exactamente en la misma posición que el escritor, aunque la vida cotidiana de este último pueda ser a veces tan precaria. Sin embargo, todavía encuentra aquí un tejido editorial que a menudo falta en su país, a pesar de que a veces la creatividad y las ideas florezcan con más fuerza precisamente en lugares como México, Argentina o incluso los EE.UU., cada vez más hispanos. En todo caso, tal vez el jardín esté en nuestra orilla un poco descuidado y falto de semillas, a pesar del empeño editorial de sellos como Anagrama en descubrir una vez sí y otra tampoco al nuevo Bolaño de los huevos de oro.

Con todo, nuestra ciudad sigue siendo espacio de encuentro para los autores venidos de la otra orilla del idioma. Dedicados también al periodismo cultural, como el argentino Matías Néspolo o la peruana Gabriela Wiener. Reconocidos narradores como el mexicano Jordi Soler, el peruano Santiago Roncagliolo, los argentinos Raúl Argemí y Flavia Company o el colombiano Juan Gabriel Vásquez. Poetas como los argentinos Carlos Vitale o Antonio Tello. Todos han elegido Barcelona o su entorno para vivir, aportan su acento y, ya sean referentes en nuestras letras como el porteño Rodrigo Fresán o aún no tan conocidos como el mexicano Juan Pablo Villalobos, los escritores latinoamericanos nutren sin duda nuestro panorama literario. A veces como reactivos de la vida cultural de la ciudad. Es el caso del novelista ecuatoriano Leonardo Valencia y los talleres de su Laboratorio de Escritura, de la narradora chilena Claudia Apablaza a cargo de la colección de vanguardias latinoamericanas en la editorial Barataria, del periodista y poeta peruano Jaime Rodríguez Z. al mando de la revista Quimera o del argentino Hernán Casciari con su proyecto al frente de Orsai.

Pero sobre todo Barcelona ha sido, desde aquellos dulces 60, y sigue siendo una cabeza de puente editorial para que otros autores latinoamericanos se den a conocer entre el público español, a través de sellos como el de Herralde pero también de las editoriales independientes más modestas. Cabe destacar en los últimos dos años a escritores como los argentinos Martín Lombardo, con su novela Locura circular en Libros del Lince, o el gran Fabián Casas, quien tras Los lemmings y otros repite este año en Alpha Decay con Ocio. Precisamente en su colección Héroes Modernos, esta editorial barcelonesa publicará también en 2012 No leer, un particular compendio de ensayos literarios del chileno Alejandro Zambra, una de las nuevas voces más interesantes de ese inmenso jardín americano.


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WRITERS BASED IN BARNA

by Sergi Bellver

© Paul-Simon Geddis

Ainhoa Rebolledo (Santiago de Compostela, 1987) vive y pedalea en Barcelona. Desde Poble Nou le pone mayúsculas a las cosas IMPORTANTES de la vida, trabaja en una editorial, maquina EL fanzine Mapache Press y vigila su bici. De bicicletas, de la educación sentimental de esta descarada adorable y de unas cuantas cosas más va Mari Klinski. That's How I Roll, el debut literario de Ainhoa Rebolledo en Honololu Books, un nuevo sello editorial que arranca también con el poemario E-mails para Roland Emmerich, de Sergi De Diego Mas.

Escoge una canción para esta charla. Tenemos cinco minutos.
Pues “Valvoline”, de Scoutt Niblett, en la que grita I AM THE DRIVER miles de veces mientras toca la batería como una loca. Esa es la banda sonora de Mari Klinski.

¿Madame Bovary Klinski eres tú con rueditas o hay algo de ficción sobre ese sillín (casi suelto un spoiler, tú haz como si nada)?
Mari Klinski es un libro basado en hechos reales como los telefilmes de sábado por la tarde en Antena 3.

La primera pedalada la diste en ese blog TAN tuyo (letspretendweweredrunk.com), ¿cómo llegaste de ahí a Honolulu, Hawai?
La editora de Honolulu leía mi blog, donde ya contaba pequeñas anécdotas de mi querida bicicleta, y me sugirió hacer una versión extended en papel. Entonces desarrollé mi historia de amor-odio con la bicicleta desde mi infancia hasta mi postadolescencia y parimos a Mari Klinski. ¿Has visto la cubierta? Es tope bonita.

La he visto, y hasta me he leído el libro. En él, Mari Klinski no rueda sólo por Barcelona, pero tus dardos son más certeros y cabrones con esta ciudad.
Se habla muy bien de Barcelona en las revistas de tendencias pero en realidad, en la vida sincera, es una ciudad diseñada para turistas y que maltrata a sus residentes. Barcelona da bastante asco porque se roban bicicletas y bolsos a punta de navaja, se cierran locales de música en directo y las líneas de metro están mal diseñadas. ¡A veces no puedes ir en metro a un sitio sin hacer tres trasbordos!

El maldito Bicing es como irse con una fulana soviética en tandas de media hora. ¿Tú eres fiel a tus bicis, lloras si te dejan (otro spoiler, casi)?
Cuando llegué a Barcelona, lo primero que hice fue sacarme la tarjeta del Bicing, pero ya no la tengo. Lo de esas bicicletas es para darles de comer aparte ya que cada una le cuesta al ayuntamiento 2.000€ (sin contar mantenimiento) y son tan pesadas, tan inútiles... ¿Que si soy fiel a mis bicis? Ahora tengo otra, se llama Piñata.

Hablando de fidelidad, Paul-Simon Geddis es, entre otras cosas, el hombre con el que has dado a luz al Mapache. Háblanos del fanzine, de las alegrías y disgustos que os ha dado ese hijo.
Paul-Simon Geddis es EL HOMBRE. Mapache Press es una publicación con ambiciones imperiales y una excusa tremenda para hacer fiestas. Sólo nos ha traído alegrías, los disgustos nos los ha dado la Guardia Urbana...

Junto a la Dra. Norma llevas, como la Dra. Hache, un consultorio gamberrísimo para Norma Jean Magazine.
Oh, sí. Desarrollo mi lado femenino en el Consultorio Norma Love, una gran sección de esa revista, y la verdad es que me cuesta porque no es que yo sea demasiado femenina, pero estoy resolviendo dudas de belleza, dietas, psicología, moda y “demás cosas femeninas” como si fuera una experta.

En la contra de tu libro Alberto Olmos te hace la ola y Cristina Fallarás mete mayúsculas, Rebolledo style. ¿Lo vas a petar, no?
Son dos entrañables personas a las que admiro, con las que he bebido cerveza en alguna ocasión y que han accedido a escribir algo bonito sobre Mari Klinski. Sí, la verdad es que me hace mucha ilusión.

Honolulu parece bonito y tiene palmeras pero, ¿habrá novela de Ainhoa Rebolledo, esto sólo ha sido un polvo rápido, lo tuyo es amor a la literatura o QUÉ?
Qué va, la literatura es muy siglo XX, aunque me cae más o menos bien (cuando no es pretenciosa), pero sí, ha sido un polvo rápido. Y sin condón. La verdad es que Mari Klinski es más divertida que cualquier pez gordo de la literatura ganador de cualquier premio literario tipo Planeta o Random. He dicho.

BCN Mes, número 8

Número de febrero en la revista BCN Mes, dedicado a lo fea que nos están dejando Barcelona. Edición en papel con 15.000 ejemplares gratuitos disponibles en casi 500 locales de la ciudad y en las diferentes sedes de la UB. Este mes he convertido mi columna Bloomsday Menu (página 20) en un discreto homenaje a tres autores que se han ido en los últimos tiempos, dejando el mundo un poco más feo (todavía) en su ausencia: Wisława Szymborska, Félix Romeo y Patrick Leigh Fermor. Los que no estéis en Barcelona, o si os da pereza acercaros a por vuestro ejemplar en papel, podéis consultar el PDF de la revista en este enlace a ISSUU o debajo, directamente, leer los textos en esta entrada.




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UN MUNDO MÁS FEO

by Sergi Bellver


SIN PATRICK LEIGH FERMOR

Para recordar quiénes somos en este tiempo de avatares y Google Earth, conviene realizar un ejercicio de lentitud y renuncia, regresar al camino y mezclarse de nuevo con la gente. Los libros del carismático Patrick Leigh Fermor (1915-2011), representante de un singular linaje de viajeros británicos, propician esa vuelta a la velocidad real de las cosas. Su escritura aguda y poética, rigurosa con la palabra y sensible a la vida a su alrededor, convierte a Fermor, además de en un excelente autor de literatura de viajes, en el cronista de una Europa que el siglo XX fulminó. Poco antes de la Segunda Guerra Mundial, el joven Patrick realizó un extraordinario e íntimo viaje a pie hacia la actual Estambul. Con los años, el autor lograría el equilibrio entre profundidad y detalle, y su peculiar biografía, llena de aventuras (algunas dignas del mejor cine bélico) y casi centenaria, quedaría para siempre ligada a un lugar totémico en su trayectoria, Grecia, con obras como Mani (1958) y Roumeli (1966), editadas por Acantilado y que en estos días tumultuosos nos recuerdan un país que fue el crisol de la condición humana. Pero, sin duda, las dos obras por las que Fermor merecerá siempre burlar al olvido son El tiempo de los regalos (1977) y Entre los bosques y el agua (1986), reunidas por la editorial RBA en un volumen que narra e interpreta aquel viaje de juventud a través de una Europa legendaria, contemplada por la mirada de quien se sabe testigo de un mundo perdido.

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El tiempo de los regalos ● Patrick Leigh Fermor ● RBA


SIN FÉLIX ROMEO

Hay corazones que, de tan sedientos e inquietos, apuran la vida de un trago. El del novelista, poeta, ensayista y traductor aragonés Félix Romeo (1968-2011) se detuvo hace pocos meses en Madrid, demasiado pronto, dejando uno de esos vacíos delatores, por toda la ola de afecto y respeto que en los días siguientes recorrió la escena literaria española. Y es que hay despedidas que nos dejan en evidencia, porque pocos como Romeo supieron conjugar, en un mundo a veces tan resbaladizo como el de nuestras letras, generosidad, sentido crítico, honestidad y talento. Director del añorado programa cultural La Mandrágora, insumiso al servicio militar cuando salía bastante caro ser fiel a unos principios (ante la calaña de los personajes que se libran a diario de la cárcel, parece una broma de muy mal gusto pensar en alguien como Romeo entre rejas) y autor de novelas como Dibujos animados o Discothèque, Félix Romeo merece ser recordado por su talla humana y, en lo literario, por su desbordante curiosidad, su contundente sabiduría y, sobre todo, por una pieza tan hermosa, genuina y doliente como Amarillo (2008), escrita a partir del suicidio de su amigo Chusé Izuel en Barcelona. Esta tercera novela de Romeo (Mondadori acaba de publicar su libro póstumo, Noche de los enamorados) es algo más que una elegía. Por las páginas de Amarillo, al tiempo que el autor intenta comprender la marcha del amigo, se sostiene un bello adagio, un canto a la escritura como necesidad que, mientras indaga en la muerte, contagia al lector de vida.

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Amarillo ● Félix Romeo ● Plot


© Joanna Helander
Wielkopolski Słownik Pisarek
SIN WISŁAWA SZYMBORSKA

En los últimos meses nos han dejado autores como Jorge Semprún, Ernesto Sábato, la surrealista Leonora Carrington, el polémico Christopher Hitchens o los ya referidos en esta columna, Patrick Leigh Fermor y Félix Romeo. Precisamente el autor de Amarillo viajó en su día a Cracovia para visitar a la poeta Wisława Szymborska, la Nobel polaca de Literatura fallecida el pasado 1 de febrero. El resultado más obvio fue la entrañable y magnífica entrevista publicada en el suplemento cultural ABCD, sin embargo, no deja de llamar la atención el encuentro entre dos autores que supieron hacer permeable vida y obra, pues tanto en la narrativa más o menos autobiográfica de Romeo como en la poesía de Szymborska la pulsión vitalista y la irreductible vindicación de la belleza son presencias constantes, así como cierta temperatura de todo lo escrito con verdad y oficio. Al concebir el nexo de unión entre los contenidos de esta columna y el tema del mes en nuestra revista, uno no puede pasar por alto las recientes desapariciones de artistas como Félix Romeo y Wisława Szymborska, que dejan el mundo algo más huérfano y gris, un poco más feo y sucio. Y no sólo el literario, donde ya se siente su pérdida, sino el mundo con todos esos rincones suyos donde siempre se agradece una mirada franca, lúcida y sensible (pero sin la coartada del sentimentalismo) sobre las cosas.

Wisława Szymborska proyectaba un magnetismo especial, regio, irónico y sencillo al mismo tiempo, y esa calidad personal calaba en su poesía, uno de los legados más importantes que reciben las letras europeas contemporáneas y, por fortuna, accesible al lector en español gracias a una buena labor editorial y a las excelentes traducciones que la obra de Szymborska ha recibido en castellano, como, entre otras muchas, la de Abel Murcia y Gerardo Beltrán del poemario Aquí (Bartleby), la que realizaron Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski de Paisaje con grano de arena (Lumen) o la que firmó Manel Bellmunt de los textos de Lecturas no obligatorias, publicados por Alfabia, editorial barcelonesa a la que la muerte de Szymborska ha sorprendido en plena preparación de un nuevo volumen de prosas de la poeta que aparecerá en primavera.

Cierto sentido del humor eslavo ante la tragedia se destila en la Nobel polaca como en pocos autores, logrando una poética a la vez profunda y despierta, cercana, casi cotidiana, pero sin dejar de ser radiante, sin pompa ni truco, con el peso específico e incontestable con el que cae la vida sobre los hombres, pero también con la prodigiosa capacidad del ser humano para encontrar belleza entre los escombros del desastre. Szymborska, a quien le tocó vivir tiempos difíciles, sufrir el rodillo de la Segunda Guerra Mundial y quedar después al peor lado del Telón de Acero, no dejó nunca de creer, de manera adulta y sin edulcorantes, en la bondad del corazón humano. Quizá por ello nos deja la clase de poesía que salva y cura, precisamente porque no persigue el milagro ni el dogma, sino que trabaja con material de primera mano, reconocible en nuestros bolsillos o en cada pequeño detalle que nos define. Una poesía que, sin avasallar, deslumbra, y de la que, sin recorrer lugares comunes ni activar los resortes más manidos en la poesía contemporánea, podemos identificar el rastro de nuestras propias vidas, de nuestro primer amor, de nuestras miserias, de nuestro extrañamiento, cada vez que la poeta polaca nos hace temblar o, este sí, milagro entre los poetas, sonreír.

Literatura italiana en Pequod Llibres
y Gabriele D'Annunzio en Qué Leer

Hoy jueves, a las 20 horas, y en el entrañable (y ya imprescindible) espacio de Pequod Llibres (en el número 59 de la calle Milà i Fontanals, en Gracia), tendrá lugar el tercer encuentro de "Els vespres italians", una iniciativa promovida por la buena gente de Literatura italiana. Recomendaremos algunos libros de autores italianos, desde referentes como Dino Buzzati y otros muchos, a nuevas voces como Viola di Grado, pasando por autores menos conocidos en nuestro país pero de sólida trayectoria, como Giuseppe Bonaviri, para ayudar un poco a los lectores, en estas fechas, a preparar su cesta de la compra literaria (con más panettone que turrón, en este caso). Participaré junto a la periodista Marina Espasa y al escritor Javier Pérez Andújar, también críticos literarios. La anfitriona del evento, la librera Consuelo Gallego, y la blogger Carlota Moseguí se unirán a la charla para recomendar otras lecturas de autores italianos, algo a lo que también quedan invitados los asistentes. Aquí tenéis la página del evento en Facebook. Dicen que habrá merienda y todo.

En la pasada edición de "Els vespres italians" en Pequod Llibres ya comentamos la novela Triunfo de la muerte de D'Annunzio junto a David Martín Copé, su editor, y a Francisco Javier Jiménez y Amelia Pérez de Villar, responsables de Crónicas literarias y autorretrato, selección de textos de D'Annunzio publicada por Fórcola y de la que también hablamos en el evento. Este mes de diciembre he publicado una reseña sobre el libro de Alfabia en la revista Qué Leer, que comparto en esta entrada.

Y ya que estamos con la literatura italiana, me permito recomendaros un curso, el que a partir del mes de abril impartirá en Escola d'Escriptura de l'Ateneu Barcelonès el escritor Fernando Clemot, que acaba de publicar El libro de las maravillas, su segunda novela en Barataria. Tenéis toda la información necesaria en este enlace: Introducción a la literatura italiana contemporánea.

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NOVELA LIRISMO Y VERDAD DE LA DECADENCIA 

“Triunfo de la muerte”
  Autor: Gabriele D'Annunzio
Traductora: Salud María Jarilla Bravo
Editorial: Alfabia
528 páginas. 26 euros.

Desmesurado, idealista, amante de la épica y artista carismático, admirado en su tiempo y cuestionado por la posteridad, del personaje de Gabriele D'Annunzio, Il Vate, quedó su delirio en Fiume o su influencia sobre el fascismo italiano, pero lo cierto es que, igual que Mussolini le retuvo en su jaula dorada del Vittoriale, la Historia ha proyectado sobre la obra de D'Annunzio una sombra injusta. En esa obra destacan novelas como El placer y, sobre todo, Triunfo de la muerte ―su pieza magna―, que señalan la estética dannunziana ―violenta y hermosa― como una de las cumbres de la literatura europea moderna.

Con Triunfo de la muerte, D'Annunzio levanta un templo del lenguaje en el que conmueven su musicalidad y su potencia. El mejor D'Annunzio poeta está, sin duda, en la lírica de su prosa y en la sacrílega intensidad de sus atmósferas. La novela investiga la verdad del mundo bajo su imagen más lúgubre y traza un perfil psicológico del esteta, con una subjetividad implicada en la conciencia de sus personajes: el tratamiento del protagonista, Giorgio Aurispa, se adelanta en cierto modo a logros posteriores en la novela anglosajona y francesa, desde el modernismo al existencialismo. La presente edición de Triunfo de la muerte, al cuidado de David Martín Copé, entierra prejuicios en torno a D'Annunzio. El ensayo de Henry James ―rendido a su talento―, junto a los fragmentos de dietarios que cierran el volumen, ayudan a confirman la dimensión de esta novela, alambique de corrientes, precursora y genuina.

Sergi Bellver


GABRIELE D'ANNUNZIO (Pescara, 1863-Gardone Riviera, Brescia, 1938). Poeta, novelista, dramaturgo, político y héroe de guerra, D'Annunzio fue símbolo del Decadentismo.

Argumento

Entre el cínico y distinguido heredero Giorgio Aurispa y la enfermiza y adúltera Ippolita Sanzio se establece una magnética relación de dependencia, deseo y rechazo que les conducirá poco a poco hacia el abismo. En ese viaje interior habrá también arrebato, mística y belleza, aunque un progresivo extrañamiento provocará la decadencia absoluta, cuando ni siquiera el amor de Ippolita resulte capaz de salvar a Giorgio de su propia fascinación por la muerte.

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Publicado en el n.º 171 de la revista Qué Leer, de diciembre de 2011.

Lecturas recomendadas (3): Doctor Glas

Novela

Doctor Glas
Hjalmar Söderberg

Alfabia

Prólogo y traducción de Gabriel Ferrater
Abril de 2011
196 páginas
20 €




Calificada ya por más de un crítico, y sin exageraciones, como obra maestra, Doctor Glas es una novela que escarba en algunos temas de sorprendente vigencia en nuestros días, por su capacidad para turbar cualquier certeza o cuestionar cualquier prejuicio. A pesar de reflejar toda la tensión larvada bajo la superficie amable de la sociedad sueca de principios del siglo XX, todavía hoy pueden escandalizar a más de un lector las disquisiciones morales del médico protagonista de esta narración. Ya en su tiempo, Hjalmar Söderberg fue considerado un autor polémico por parte de esa masa crítica e inmovilista que se repite siempre en cada grupo social y a lo largo de la Historia: la de los intransigentes, la de los hipócritas, la de los cínicos.

Pero, más allá de los temas sobre los que ronda la intención última de esta novela ―el aborto, el sexo, la conciencia, la ética profesional y la muerte del prójimo como mal menor, entre otros―, Doctor Glas es sobre todo un soberbio ejercicio de estilo narrativo, conciso, intenso y afilado. Del mismo modo que se la ha señalado como una de las fuentes de las que bebería el cine de Ingmar Bergman, la literatura de Hjalmar Söderberg encuentra una suerte de epígono en, por ejemplo, los relatos del noruego Kjell Askildsen, dueño de una mirada similar a la de Söderberg sobre las miserias camufladas en el aparente bienestar general escandinavo. La publicación de Doctor Glas supone la recuperación de un título clave en las letras de aquellas latitudes y un acierto por parte de la editorial Alfabia.

Higashino y literatura japonesa en la revista Tiempo


Higashino y la devoción



Sergi Bellver
Existe una voz japonesa, aware, que expresa la emoción ante la impermanencia o la fugacidad de las cosas hermosas. Muy propia de la cosmogonía nipona, esa conmoción por la fragilidad y la caducidad de la Belleza, como ante la flor del cerezo, lleva, lejos del lamento, a una experiencia intensa y consciente del momento presente. Tal vez eso explique la extraña sintonía que, más allá del tópico y de la impresión de cierta esquizofrenia social que ―desde nuestro prisma― creemos percibir en el vertiginoso Japón actual, consigue armonizar tradición y cambio en aquella cultura. Esa doble huella se halla íntimamente impresa en los japoneses, tan fieles a su naturaleza como pendientes del resto del mundo, en especial de Occidente. El escritor japonés Keigo Higashino explora, sin embargo, los riesgos y las grietas de esa dualidad en La devoción del sospechoso X, la novela que acaba de publicar Ediciones B y con la que puede leerse por primera vez a este autor en español. Novela que tiene tanto de crónica del Japón actual ―lugares y modos del Tokio más genuino impregnan el ambiente en todo el texto, contemporáneo pero fuertemente arraigado al espacio que dibuja― como de retrato de una realidad que trasciende fronteras, a través de una historia que puede conectar con un lector de cualquier parte del globo, ya que explora un registro universal: la pulsión de nuestra parte más sombría, innata a todo ser humano y que puede llevarnos de la devoción al crimen o de la rutina al abismo. Resulta curiosa la coincidencia de aquella voz nipona, aware, con otra expresión en inglés, to be aware, es decir, “estar alerta” o “permanecer atento”, a la hora de pensar en esa doble mirada de la cultura japonesa hacia sí misma y hacia el exterior, apegada a la lentitud y a su liturgia y al mismo tiempo arrobada en la velocidad y la innovación. Una mirada que no siempre halla reflejo de nuestro lado, ya que a menudo filtramos todo lo que llega del archipiélago con el cedazo de nuestra idea preconcebida de Japón, una inercia que libros como el de Higashino puede ayudar a romper.

La devoción del sospechoso X retrata la esencia del Tokio de hoy, pero esta novela negra explora también la parte más oscura de la condición humana, la que puede arrastrarnos de la obsesión al crimen.


Sin llegar a encriptar del todo su existencia ni provocar esa suerte de subgénero literario que lleva a muchos lectores y a otros autores a perseguir el rastro de escritores tan esquivos como Thomas Pynchon o tan ermitaños como lo fue durante buena parte de su vida Jerome David Salinger, Higashino mantiene cierta distancia con lo público, ya que apenas concede entrevistas y no se deja fotografiar fácilmente. Celoso de su espacio y de su privacidad, algo escéptico en cuanto al mercado editorial e interesado en pasar desapercibido por las calles de Tokio, como cualquier otro ciudadano de mediana edad ―tarea cada vez más compleja, pues en su país La devoción del sospechoso X ha ganado el importante Premio Naoki, sus libros se venden ya por millones y originan versiones cinematográficas; Google, además, siempre está dispuesto a señalar un rostro con el dedo de cualquier lector impaciente―, Higashino, sin embargo, se revela en su literatura como un detonador capaz de hacer saltar por los aires el tedio y, con la onda expansiva, derribar de paso unos cuantos prejuicios en torno a la novela negra en general y a la literatura japonesa contemporánea en particular.

Hábil ingeniero a la hora de diseñar el mecanismo de su novela y el perfil ―psicológico― de cada una de sus piezas, Higashino consigue un perfecto artefacto de relojería cuyo final deslumbra al explotar.

El autor de La devoción del sospechoso X es sobre todo un creador de tramas, un tejedor de ideas alejado de la deriva lírica de otros escritores japoneses de éxito en Occidente ―de éxito comercial, cuando menos―, como, sin ir más lejos, Haruki Murakami, ubicuo en las librerías españolas con 1Q84 (Tusquets). La ambición literaria de Higashino, antiguo ingeniero automovilístico convertido con el tiempo en escritor, tiene más que ver con la activación de resortes mentales en el lector y el desarrollo psicológico de sus personajes que con el mecanismo de recompensa emocional instalado en otro público afín a un tipo distinto de historias más, digamos, predecibles. Tal vez por ello, el género negro suponía la elección más inteligente para este autor, con toda la estrechez de esa etiqueta para un libro como La devoción del sospechoso X, crónica de un crimen anunciado y de un reto científico y policial que ya ha arrasado en las listas de ventas de países como Estados Unidos y el Reino Unido, donde la prensa ―The Times, en concreto― no ha tardado en comparar a Higashino con Stieg Larsson. El símil no parece gratuito pues ambos autores comparten bastantes más cosas que la novela negra como marco, el crimen como pretexto y la saga como formato: La devoción del sospechoso X pertenece a Dr. Galileo, serie de novelas protagonizada por Yukawa Manabu, un profesor excéntrico que se sirve de inusuales análisis científicos para desentrañar misterios criminales. La saga ya ha sido objeto en Japón de una serie de televisión y llegó en 2008 a las salas de cine. No obstante, Higashino no pierde el norte en su motivación a la hora de escribir: “Quiero que la gente lea mi trabajo y llegue a entender cómo piensan, aman y odian los japoneses”, dice en una de sus escasas entrevistas.

La flor del cerezo
La publicación de La devoción del sospechoso X y el eco que puede tener la novela en España parece una excusa ideal para revisar la presencia de la mejor literatura japonesa moderna y contemporánea en nuestras librerías. Para el lector español la de Japón es, del siglo XX hasta aquí, una cultura audiovisual y tecnológica: desde el gran cine de Kurosawa o el de Imamura a iconos de la serie B como Godzilla; de la explosión del manga y el anime con joyas como Akira o El viaje de Chihiro a sagas del videojuego como Final Fantasy, tradición e innovación recorren esos distintos acentos de un mismo lenguaje narrativo. La sociedad japonesa, en especial la urbana, resulta a menudo alienante para este prisma nuestro con el que la observamos: el vértigo de su desarrollo tecnológico y la imagen de eficiencia de los japoneses ―y sus insólitas huelgas― contrasta con fenómenos cada vez más frecuentes como los desempleados sin hogar o los hikikomori ―jóvenes recluidos en casa por voluntad propia― o la venta de ropa interior femenina usada y de revistas sobre menores en ropa interior y actitud provocativa ―publicaciones perfectamente legales―. Los hijos adolescentes de esos mismos japoneses que llegan a España armados con su sonrisa aséptica y su infatigable cámara de fotos, leen por millones novelas compartidas por mensajes en sus móviles de última generación. Pero del mismo modo que esos japoneses creen reconocer algo de su propia esencia en el sentido de la entrega y del honor que interpretan en el flamenco o en las corridas de toros, un español puede acercarse a su literatura con esa misma atención y descubrir que la alienación puede no ser tanta. Menos violenta que la de Richard Chamberlain en la serie Shogun; no tan tópica como la de Michael Douglas en Black Rain (Ridley Scott), y sí contemporánea y abismada como la de Lost in translation (Sofia Coppola), donde todos éramos un poco Bill Murray.

Decir literatura japonesa en España es pensar en los haikus de Basho, los cuentos de Akutagawa, la maravillosa literatura de Kawabata y la de su discípulo, el irrepetible Mishima. El Nobel Kenzaburo Oe, los textos de Tanizaki y best sellers como el mencionado Murakami, o Nakamura, probablemente sean las primeras referencias en la memoria del lector. Pero en los últimos años varias editoriales ―y alguna de manera exclusiva y excelente, como el sello Satori, íntegramente dedicado a la cultura nipona― están recuperando grandes obras de la literatura japonesa de los siglos XX y XXI, desde peces raros en su propio país como el excepcional Shusaku Endo, que ahonda en el pasado más oscuro del Japón moderno con El mar y veneno, a autores contemporáneos como el prodigioso Yasutaka Tsutsui. No hace tanto que Fukushima nos ha recordado a todos la impermanencia de las cosas, lo que nos invita a buscar una experiencia más intensa y consciente. Como la flor del cerezo, toda belleza es efímera, pero al menos la de la mejor literatura japonesa promete el aware, esa conmoción, una devoción sospechosa de atrapar al lector.

Una geisha y siete samuráis

El cielo es azul, la tierra blanca, de Hiromi Kawakami (Acantilado). Conmovedora, sutil y hermosa historia de amor, alejada del tópico y con una memorable protagonista femenina.

Namiko, de Tokutomi Roka (Satori). Todo un clásico de la literatura japonesa, con la misma intención moral de Anna Karénina o Madame Bovary, recuperado ahora por Satori.

Paprika, de Yasutaka Tsutsui (Atalanta). El japonés más original e imaginativo entre sus contemporáneos, tanto en esta onírica novela como en sus relatos, también publicados por Atalanta.

Botchan, de Natsume Sōseki (Impedimenta). Tal vez el primer pequeño gran éxito de un autor japonés entre las nuevas editoriales independientes. Una novela maravillosa.

Indigno de ser humano, de Osamu Dazai (Sajalin). Obra magna que combina tintes autobiográficos con una historia desgarradora. Uno de los pilares de la literatura japonesa moderna.

Kinshu. Tapiz de otoño, de Teru Miyamoto (Alfabia). Prodigio narrativo con el que Miyamoto demuestra su sabiduría al asomarse a las contradicciones de la condición humana.

Kanikosen, de Takiji Kobayashi (Ático de los Libros). Junto a Endo, el otro descubrimiento japonés de este sello, una historia de absoluta vigencia que ya va por su tercera edición.

Idéntico al ser humano, de Kobo Abe (Candaya). Irónica, profunda e inteligente, la escritura de Abe resiste la reiterada comparación con la de Franz Kafka.

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Versión íntegra y con algunos contenidos añadidos al artículo publicado en la sección de Cultura del n.º 1.525 de la revista Tiempo el viernes, 14 de octubre de 2011.

BCN Mes, número 2

Número de julio y agosto, 15.000 ejemplares gratuitos en casi 500 locales de toda la ciudad y en las diferentes sedes de la Universidad de Barcelona y versión web (BCN Mes). En esta ocasión podréis encontrar, en la sección "Arroz Negro" (página 11), los cuentos de Aleix Mora y Àlex Oliva. Y en la página 21, la columna Bloomsday Menu, con las reseñas a los libros La señal y otros relatos, de Vsévolod Garshin (Ed. Contraseña), y B-17G, de Pierre Bergounioux (Alfabia), junto a un breve artículo sobre la nueva editorial aragonesa Jekyll & Jill y su primer libro, Un día me esperaba a mí mismo, de Miguel Ángel Ortiz Albero.

BCN Week de abril: especial Sant Jordi

Desde hoy, jueves día 14 de abril, se distribuirá por Barcelona el número 96 de la revista BCN Week, que presentará algunos sutiles cambios de diseño. Como cada mes, en la página 21 podréis encontrar mi habitual columna sobre libros y, en la página 11, la sección "Arroz negro". Este mes, en la página 13, Juan Soto Ivars y yo firmamos un especial con motivo del Día del Libro y la Diada de Sant Jordi. Cuando estén disponibles, colgaré los enlaces a la página web de la revista (todavía figura el número 95) y al formato ISSUU de la misma, con el que podréis acceder en pantalla completa a la maquetación original de la versión en papel, ir directo a las páginas e incluso imprimirlas en un PDF. Recordad que, los que residís o estéis de paso en Barcelona, os podéis hacer de manera gratuita con un ejemplar en las diferentes sedes de la Universidad de Barcelona y en más de 500 locales de la ciudad. El mismo día de Sant Jordi, sábado, llevaré unas cuantas revistas a la caseta del grupo de editoriales en la que firmaré ejemplares de Chéjov comentado, en horario aún por determinar.

  • Sección "Arroz negro" con los microrrelatos "Insomnio", "Tic-tac" y "El goteo de los años de lluvia", de Jesús Esnaola y el texto "Yo y Oskar Lottenhöfel", de Ainhoa Rebolledo. Página 11.
  • +enlace web a la sección [por actualizar]

  • Artículo especial "Break on through. Nueve libros para otro Sant Jordi". Firmado por Juan Soto Ivars y yo mismo, reúne nueve breves notas sobre los libros Diccionario de literatura para esnobs, de Fabrice Gaignault (Impedimenta); Astillas, de Celso Castro (Libros del Silencio); Érase una vez una mujer que quería matar al bebé de su vecina, de Liudmila Petrushévskaia (Atalanta); Kinshu. Tapiz de otoño, de Teru Miyamoto (Alfabia); Antes de las jirafas, de Matías Candeira (Páginas de Espuma); Stone Junction, de Jim Dodge (Alpha Decay); Teleshakespeare, de Jordi Carrión (Errata Naturae); Salmo y otros cuentos inéditos, de Mihaíl Bulgákov (Nevsky Prospects) y El mar y veneno, de Shusaku Endo (Ático de los Libros). Página 13.
  • +enlace web al artículo [por actualizar]

  • Columna "These books are made for walking" (rebautizada en parte como "Bloomsday Menu"), con reseña de la novela Memoria de la nieve, de Marian Womack (Tropo), y un breve artículo, "Literatura en talla XS", sobre libros de pequeño formato de varias editoriales independientes. Menciono las editoriales Melusina, Vagamundos y Papel de Fumar, y las colecciones Cuadernos de Alfabia, Breves de Ático de los Libros y Minilecturas de Nórdica. Luego me detengo especialmente en cuatro títulos: Thomas Pynchon. Un escritor sin orificios, de Rubén Martín G. (Alpha Decay); Sobre el periodismo, de Joseph Pulitzer (Gallo Nero); El Nilo. Cartas de Egipto, de Gustave Flaubert (Gadir) y Con esta lluvia, de Annemarie Schwarzenbach (Minúscula). Página 21.
  • +enlace web a la sección [por actualizar]

Artículo "Bajo la tormenta" en BCN Week, con Juan Soto Ivars

BAJO LA TORMENTA
LA LITERATURA, PARAGUAS CONTRA LA INTOLERANCIA

La escritura es una forma de no bendecir la realidad, de cuestionarla. Con la literatura el ser humano hace lluvia y hace vida cuando dice lluvia y dice vida, pero a lo largo de los siglos demasiados escritores han tenido que empuñar un paraguas ingrato y difícil, cada vez que la intransigencia les ha obligado al silencio. La censura y la intolerancia son tan antiguas como nuestra civilización, pero tal vez desde el siglo XX hayan dejado de manera más sangrante su oscura huella. La lista de escritores que, bajo un régimen autoritario de cualquier signo y por sus obras e ideas, han sido censurados, encarcelados, desterrados o asesinados parece, por desgracia, interminable. Las dos grandes ideologías antagonistas que llevaron al mundo al borde del colapso a mediados del pasado siglo arrollaron con todo su aparato represor a una constelación irrepetible de escritores, especialmente en lengua rusa y alemana. Pero la infamia es universal: también en otras latitudes y bajo la misma clase de totalitarismos perecieron autores como el japonés Takiji Kobayashi o, en épocas posteriores, artistas como Gao Xingjian tuvieron que dejar la China comunista, por no hablar de los escritores bajo el yugo islamista radical. En nuestro país, poetas como Lorca o Miguel Hernández cayeron bajo el águila franquista, que expulsó de su nido a toda una generación de escritores. Los exiliados contribuyeron a la expresión literaria en otros lugares, sobre todo en América Latina, donde más tarde también iban a sufrir, un golpe militar tras otro, los propios autores hispanoamericanos: entre tantos, Neruda apenas fue capaz de sobrevivir a Allende y Rodolfo Walsh de evitar las balas ultraderechistas. Cabrera Infante, apartado de Cuba por el régimen de Castro, escribió en un artículo que “la nostalgia, como el exilio, mata”. Lo decía en 2002, en la revista Letras Libres, a propósito de Joseph Roth, de Stefan Zweig y de decenas de escritores prodigiosos que tuvieron que dejar su país (aquella patria desmantelada que fue el Imperio austrohúngaro) para acarrear consigo una carga insoportable de vacío. Mientras huía de los nazis, el gran Walter Benjamin no se dio tiempo a sí mismo para esa melancólica agonía y murió en Portbou en 1940, al otro lado de la misma frontera que cruzó Antonio Machado, también huyendo del horror para morir en Collioure. Nunca como en aquellos años la literatura fue un paraguas tan frágil para resistir las tempestades de la ignorancia y el odio.

Ilustración: © Sergi Bellver 2011

Sin embargo, salvo casos como el español y hasta su rebrote de los 70 en el Cono Sur, la pesadilla fascista (que también en Italia causó estragos, como sabrían Cesare Pavese y tantos otros) tuvo en Europa fecha de caducidad, mientras que el rodillo soviético prevaleció, alimentado por la Guerra Fría (del otro bando, conviene no olvidar la “caza de brujas” en los EE.UU.). Durante décadas, autores tras el telón de acero vivieron un acoso constante. Sándor Márai o Bohumil Hrabal son sólo dos ejemplos. Con todo, sería en la URSS donde la tragedia silenciosa cobraría dimensiones casi bíblicas. Pocos casos tan sobrecogedores como el de Anna Ajmátova. Y pocos testimonios tan lúcidos y desgarradores de la barbarie ideológica como Archipiélago Gulag, de Aleksander Solzhenitsyn. Viktor Shklovski, Boris Pasternak, Vasili Aksiónov, la nómina es extensa y abarca varias décadas, aunque fue en las primeras cuando la Revolución castigó con mayor virulencia el talento y la disidencia. La tormenta que destruyó los tejados de los artistas bajo la nube de Stalin se resume en la página 66 de La mentalidad soviética, el libro en el que Isaiah Berlin da cuenta de sus reflexiones y encuentros con escritores rusos durante los años cuarenta: “Unos se amoldan a nichos seguros porque creen en los preceptos soviéticos. Otros se aplican en calcular cuánto pueden ceder a las demandas de propaganda del Estado prestando sumo cuidado en no ofender y dándose por satisfechos con poder vivir y trabajar sin recompensa ni reconocimiento”. En la estela de los segundos conmueve especialmente la historia de Mijaíl Bulgákov. Cometió un pecado: “No escribo sobre campesinos porque no me gusta el campo, y no escribo sobre obreros porque no conozco su mundo”. Peligrosamente burgués, Bulgákov escribió Corazón de perro, una queja, en clave de ciencia-ficción grotesca, contra la obligación de compartir casa con obreros que, por la falta de viviendas, acució Moscú con el éxodo campesino. Mordaz y confiado, durante los años veinte Bulgákov cavó su propia sepultura con obras teatrales y relatos cada vez más cáusticos con el idealismo soviético. Hasta que el propio Stalin le prohibió seguir publicando o representando sus obras y también salir del país. Podía escribir, podía vivir, pero estaba enterrado.

Con Bulgákov jugó Stalin un tira y afloja especialmente espantoso, puesto que su obra teatral La guardia blanca tenía el dudoso honor de ser una de las favoritas del dictador. “Va usted a hablar con el Camarada Stalin”, dijo una voz telefónica en mitad de la noche. Bulgákov había pedido personalmente a Stalin que le permitiera abandonar la URSS. La carta decía algo así como “puesto que tengo la desgracia de no servir a la causa, de escribir libros y dramas que hacen flaco favor a nuestro gran proyecto, le suplico que me deje abandonar el país. No quiero jugar, jamás, en nuestra contra”. Escribiría más tarde en su diario que la voz de Stalin sonó benevolente. Le preguntó si estaba seguro de que quería salir del país. Acobardado, desconfiado, Bulgákov le respondió que no. Se arrepentiría en el acto de su flaqueza, y pasaría el resto de sus días como empleado de tercera en pequeños teatros moscovitas. Su obra, siempre tras el telón. El maestro y Margarita, una novela en la que el demonio aparece en Moscú y pone patas arriba la Revolución, es la más conocida. En ella, una frase resulta paradigmática de los escritores destruidos por la censura: “los manuscritos no arden”. Para demostrarlo, nuevos relatos de este maestro han aparecido en nuestro país: los de Notas en los puños (acompañados del drama Iván Vasílievich) en la editorial Alfabia; la colección Salmo y otros cuentos inéditos, reunidos por Nevsky Prospects; y Corazón de perro y La Isla Púrpura, en un volumen de Galaxia Gutenberg que incluye partes de su diario y de su carta a Stalin. La Historia “absuelve” a los verdaderos artistas y no, como auguraba para sí mismo Adolf Hitler en su infame Mein Kampf, a los criminales.

El paso de los años termina por convertirse en el verdadero paraguas para la obra de los escritores que murieron ahogados por el diluvio de las dictaduras. Pero hoy, en este tiempo de tibieza y autocensura, bajo este régimen global solapado en el que la literatura parece amordazada por lo políticamente correcto (los biempensantes se han convertido en los nuevos jueces supremos, que pontifican si leer a Céline o a Hamsun es o no de mauvais ton), cabe preguntarse dónde quedan aquellos escritores audaces, dónde su compromiso con la verdadera libertad de pensamiento. Solzhenitsyn, una vez fuera de la URSS, criticaría también los desmanes del capitalismo. Y es que hoy, ante esta producción editorial en serie con aroma de hamburguesa y pollo frito, ante este recetario sin ideas y de menú infantil, bajo la nueva esvástica del código de barras, toca cuestionarse más que nunca contra qué tormenta deben abrir los escritores su paraguas, dónde hacen ahora lluvia al decir lluvia, cuándo vuelven de veras a hacer vida al decir literatura.

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Sergi Bellver (Barcelona, 1971) ha editado el libro Chéjov comentado (Nevsky Prospects), participa en la antología La banda de los corazones sucios (Baladí) y colabora en el suplemento Cultura|s de La Vanguardia y la revista Tiempo.
sergibellver.blogspot.com

Juan Soto Ivars (Águilas, 1985) escribe en la revista Tiempo y en el magazine Ling, de la aerolínea Vueling. Publica una narración por entregas en la revista Yorokobu. Su primera novela llegará en otoño a las librerías. facebook.com/juansotoivars

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Publicado en el número 95 de la revista BCN Week, marzo de 2011 (enlace web / +enlace ISSUU directo a p. 6 y 7).

La huida a caballo hacia lo profundo de la ciudad,
de Bernard-Marie Koltès (Alfabia),
en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia

Cuatro jinetes a la fuga

La muerte es a veces el mejor agente literario de un autor, en especial si se lo lleva pronto y pone a trabajar su ausencia a favor del mito. Pero la temprana desaparición de Bernard-Marie Koltès no vino tanto a proyectar su imagen como a interrumpir una carrera que, de haber crecido con los años, podría de veras equipararse hoy en día a la de dramaturgos como Samuel Beckett. Ambos fallecieron en París y en 1989, pero mientras el sombrío y genial irlandés tuvo tiempo de construir una extensa obra, Koltès sucumbió con apenas 41 años a la enfermedad que en aquellos tiempos devastaba con virulencia las vidas de tantos artistas. Sin embargo, muchas de sus piezas teatrales siguen teniendo una vigencia innegable, desde la simbólica diatriba contra la soberbia de nuestra civilización occidental que es Combate de negros y perros (1979) a la póstuma y terriblemente contemporánea Roberto Zucco (1988), que bien parece sacada de cualquier serie norteamericana reciente con serial killer.

La editorial Alfabia publica por primera vez en castellano La huida a caballo hacia lo profundo de la ciudad, la única novela de Koltès, escrita (1976) después de un viaje a la URSS y en un momento vital convulso, entre una tentativa de suicidio y un proceso de desintoxicación de las drogas. Ocho años más tarde, Les Éditions du Minuit, el sello que editó todo su teatro, publicó esta deriva inquietante y al tiempo luminosa en la que las hermanas Barba y Félice, junto a dos muchachos, Cassius y el árabe Chabanne, se sumergen bajo la piel enferma de la ciudad, un Estrasburgo dibujado por una suerte de Eurípides alucinado. En la crónica de ese descenso desde la soledad existencial de quien vive en el margen al abismo coral del exceso y la violencia, montados los personajes sobre los caballos desbocados y hermosamente crueles de la juventud y de la heroína, todo lo que en manos de Kerouac o Borroughs hubiera sido postura estética, se convierte a través de la mirada de Koltès en pálpito y entraña. Su escritura compulsiva, a veces imperfecta en detalles formales pero siempre encendida (Bernard-Marie no ha cumplido los 29 años cuando la escribe), no puede ni pretende evitar que asome el potencial dramático de un texto que bebe del cine, del monólogo, de la poesía y, sobre todo, de la travesía vital del propio Koltès.

Con todo, La huida a caballo... no es exactamente una novela sobre la juventud y la droga, ni mucho menos una oda a la sordidez y la desesperación de cuatro enfants terribles, sino un texto esencialmente veloz, insolente y alterado, en el que la vida no se cuenta sino que se hace o sucede, en especial gracias a la relación tan íntima y desprejuiciada que Koltès establece con el lenguaje. Deudor de Shakespeare o Proust, pero también buscador inquieto y parcialmente heredero de los relatos de Salinger o del absurdo beckettiano, Koltès se propuso siempre huir de toda certeza y buscar la revelación del plan de fuga de un mundo que a menudo sintió como presidio y cerco a la libertad del hombre. Contagió una rara conciencia a sus personajes, una noción híbrida entre la futilidad de la existencia y lo inaplazable que resulta exprimirla con intensidad. En cierto modo, como ocurre en parte con el teatro y los cuentos de Chéjov, en la obra de Koltès el narrador no toma partido y la vida se abre paso a través de una aparente y nimia tristeza, bruma que pronto se disipa en los textos del viajero de Metz ante la rabia con la que parecen desear huir hacia adelante, si fuera preciso, sus personajes. También los cuatro protagonistas de esta novela, indolentes pero impacientes, participan de la fascinación hambrienta y febril de su autor por lo no convencional, y no hay tópicos en el texto que desbaraten su verdad, sino una vibrante profusión de escenas que van de un nihilismo salvaje a una mágica locura, de lo onírico a lo real, con toda la dureza con la que lo real existe e insiste, con toda la luz con la que la insumisión y el afán de libertad prevalecen en el corazón humano.

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Crítica publicada en el n.º 454
del suplemento Cultura/s del diario La Vanguardia
el miércoles, 2 de marzo de 2011.

Sukkwan Island, de David Vann (Alfabia)
en La tormenta en un vaso

El ser humano es en ocasiones una ciudad sitiada que anhela en secreto la conquista, recibir la invasión del otro, capitular ante una vida ajena que le salve de la propia. Del mismo modo, la literatura es a veces la única carta de rendición que es capaz de firmar el hombre para que esa redención se consume. Sukkwan Island pertenece a esa estirpe de libros sobre la derrota luminosa, sobre la vida que se abre paso entre cicatrices, esa genealogía literaria en la que la evocación de la pérdida deja de ser una deriva estética para convertirse en una verdadera ética del amor.

Se hace difícil hablar de un libro del que se han dicho ya tantas cosas, que ha recibido premios y elogios por doquier y que se ha confirmado como una de las mejores novelas publicadas a lo largo de 2010, no sólo por un sello español como Alfabia, sino en muchos otros países, tanto en Francia con el mismo formato como en las ediciones anglosajonas, donde el texto forma parte de un conjunto de relatos titulado Legend of a suicide. Parece pues inútil a estas alturas reducir cualquier reseña de Sukkwan Island a dar noticia de su argumento o de su estructura y, sobre todo, de la biografía de su autor, David Vann.

[seguir leyendo en La tormenta en un vaso]

Mis lecturas de 2010, en Hermano Cerdo

En los próximos días completaré estas notas de lectura en mi nueva columna para el portal Culturamas, "A la luz cambian las cosas", y en una lista a bocajarro que Juan Soto Ivars y yo hemos redactado para el próximo número de la revista BCN Week. De momento, sirva como muestra de mi año lector este texto publicado en la revista Hermano Cerdo.


Repaso ahora las lecturas que justo hace un año compartí con esta ilustre piara y noto que a lo largo de 2010 he seguido leyendo cuento, mucho cuento (por afición, por trabajo y debido a un par de proyectos editoriales en marcha), pero que este último año ha sido, sobre todo, un tiempo de buenas novelas. Destaco por encima de las demás Sukkwan Island, de David Vann (Alfabia), que con su sobriedad, su crudeza y su tempo narrativo me ha llegado como pocas en los últimos años. Mientras la leía, y aunque el marco (de la belleza implacable de Alaska al lodazal de Yoknapatawpha) y la trama no tienen nada que ver, no podía evitar pensar en Mientras agonizo de William Faulkner. Es cierto que leer a veces no es más que releer en el nuevo el libro anterior, y que a veces erramos, pero para mi tranquilidad el propio David Vann me confirmó en Barcelona que esa novela coral de Faulkner había sido una referencia clave al escribir la suya. Un libro imprescindible, de veras. Alfabia, por cierto, se ha marcado otro tanto en 2010 con la publicación de dos textos de Pierre Michon, que me ha seducido más que su compatriota Houellebecq. Otra gran novela norteamericana leída en 2010 ha sido Dog soldiers, de Robert Stone (Libros del Silencio), un rescate a cargo de esta nueva editorial que reconfigura el mapa de la narrativa yanqui de finales del siglo XX para el lector en español. En EE.UU. ya era un texto crucial y las influencias venían más de Stone hacia sus contemporáneos que no al revés.
También me han interesado las novelas Perú, de Gordon Lish (Periférica); La muerte del adversario, de Hans Keilson (Minúscula); En mitad de la noche un canto, de Jiri Kratochvil (Impedimenta); La luz es más antigua que el amor, de Ricardo Menéndez Salmón (Seix Barral); Providence, de Juan Francisco Ferré (Anagrama) y la peculiar Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac (Alpha Decay), aunque de este sello prefiero, con mucho, la breve y potente Suomenlinna, de Javier Calvo. En cuanto a novelas híbridas, que plantean antes una reflexión que el mero disfrute de una historia narrada, me quedo con Los muertos, de Jordi Carrión (Mondadori) y Diario de las especies, de Claudia Apablaza (Barataria). Y en otro tipo de maridajes me ha gustado mucho el texto ilustrado Bestiario y fuga, del pynchoniano (sólo en el halo de misterio, que no en su escritura) Gabriel Sofer (El Olivo Azul).
Tres textos que no son exactamente ficción, pero rezuman pasión por la literatura y el conocimiento de la condición humana, y que ningún buen lector debería pasar por alto, forman también parte de mis mejores lecturas del año. Leviatán o la ballena, de Philip Hoare (Ático de los Libros), que podría anudarse a la experiencia lectora de Moby Dick y que, además de cetáceos, habla de la fiebre de un ser humano por un objeto de deseo, algo del todo melvilleano. Conquista de lo inútil, de Werner Herzog (Blackie Books), es también el diario de rodaje de una obsesión. Herzog es un escritor admirable, capaz de diluir una lírica rilkeana y una oscuridad conradiana en el mismo recipiente. Finalmente en este apartado, otro tratado inmenso, El mundo bajo los párpados, de Jacobo Siruela (Atalanta), un trabajo meticuloso y encendido sobre esa otra cara de las cosas que algunos insisten en mantener aparte de la vida, cuando el sueño, nuestros sueños, son germen y semilla de “lo real”.
Pero, claro, el relato también ha tenido su cuota en mi mesa en 2010, un año de antologías varias, desde las temáticas a las que han intentado hacer inventario de la última década (mezclaría en una coctelera las de Menoscuarto y Páginas de Espuma para sacar la ideal, con algunas gotas de angostura y varios autores olvidados), pasando por las conmemorativas y comentadas (no, no es por hacerme publicidad, pero es que los editores de Nevsky Prospects se lo merecen, por su trabajo y su apuesta en Chéjov comentado). Me quedo pues con cuatro confirmaciones y cuatro felices estrenos. Entre las primeras, “ese chico que siempre promete” o Medardo Fraile y su libro Antes del futuro imperfecto (Páginas de Espuma); Bajo el influjo del cometa, de Jon Bilbao (Salto de Página); Pampanitos verdes, de Óscar Esquivias (Ediciones del Viento) y Llenad la Tierra, de Juan Carlos Márquez (Menoscuarto), maestro Fraile aparte, tres de nuestras mejores voces del cuento, tan distintas entre sí y al mismo tiempo tan potentes. Y también diferentes pero brillantes todos, cuatro primeros libros de relatos: El otro fuego, de Inés Mendoza (Páginas de Espuma); Sonría a cámara, de Roberto Valencia (Lengua de Trapo) y Atractores extraños, del español Javier Moreno (Inéditor), que no es su primer libro pero sí su primera incursión seria (y arriesgada) en el cuento. ¿He dicho cuatro “estrenos”, no? Bueno, me refería también a Fall River, de John Cheever (Tropo editores) o a cómo nace un grande.